El club de las casas solitarias

Por: Julia Ramírez Márquez

“La casa debe ser el estuche de la vida, la máquina de felicidad” 

-Le Corbusier, arquitecto francés de principios del siglo XX

En México el sueño de la casa propia se materializa en fragmentos, al menos para el porcentaje de población que no tiene acceso rápido a este patrimonio. Esta necesidad básica referida en la 2da barra inferior de la pirámide de Maslow, será cubierta por la casa de los padres o una de módica renta. Para otro segmento, el de la población que trabaja bajo el rubro de “economía formal”, el sueño de una casa se hará realidad sólo en cuestión de tiempo. Sin embargo, ¿qué pasa con la población cuya actividad económica entra en lo “informal”? ¿Cómo cubrirá la necesidad de vivienda (propia) en un sistema donde la informalidad es un sello pecaminoso que atenta contra las buenas intenciones de nuestros gobernantes y sus proyectos de crecimiento económico?

A partir de la segunda parte del sexenio de Ernesto Zedillo y empalmándose con el boom inmobiliario que estalló en el sexenio de Vicente Fox, se ha estado suscitando un fenómeno en crecimiento cuya potencialidad parece no alcanzar a ver nuestra autoridad: ciertas colonias o fraccionamientos hay, específicamente en Torreón y Gómez, con un marcado abandono de viviendas que ya fueron ocupadas un día, solo adquiridas a través de un crédito y nunca ocupadas, o simplemente en espera de un comprador.

Este club de las viviendas solitarias se divide en dos: las viviendas “bien”, en fraccionamientos; por ejemplo La Muralla, donde el mismo sistema de fraccionamiento cerrado permite, a través del resto de los vecinos que sí habitan las casas, pagar por el cuidado de las otras, las que no se han vendido, sin que éstas sufran atraco de sus muebles o accesorios fijos (inodoros, lavabos, puertas, cable eléctrico) o daño humano (vidrios rotos, grafiti, muros apedreados). Las otras viviendas, las que no son tan “bien”, son las que la llevan de perder. Ubicadas en lugares como La Perla, Sol de Oriente, Villas del Bosque, La Amistad, en Torreón; Parque Hundido, Bugambilias, El Castillo, San Alberto, Santa Teresa, Torremolinos, en Gómez, por decir algunos, sucumben a las garras del hambre y les es arrancado de las entrañas todo lo que se puede vender. La repercusión social viene después: grafiti, pedradas a muros y destrucción de vidrios, como superficie…y como fondo, un panorama decrépito cuyo estatus hermana invariablemente a lo económico con lo social, permaneciendo estos adefesios como cicatrices: fallas ineludibles de nuestro sistema político nacional.


 Tablas salvavidas…para algunos
“Mi hijo ya no va a vivir conmigo, ya le van a dar su casa” decían los señores de la década de los 70’s y 80’s, como si la casa fuera un regalo. Hoy algunas personas siguen hablando de esta manera cuando se refieren a la utilización de créditos Infonavit o Fovisste, máximos exponentes del crédito hipotecario nacional, cuya presencia actual es de aplaudirse, tomando en cuenta que desde su nacimiento han pasado por enfermedades  fulminantes, como es el caso de planes y estrategias en pañales, crisis económicas fuertes y manejo fraudulento de los fondos, según el caso. Estas instituciones fueron creadas para apegarnos a derecho según nuestra Constitución  Mexicana, en el Título primero, Capítulo I de los Derechos Humanos y sus Garantías, Artículo 4to.

El Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, o INFONAVIT  fue fundado a principios del año 1972 como una entidad encargada de administrar las aportaciones patronales de cada trabajador, cuyo monto, hasta la fecha es del 5% de su sueldo mensual y se transparenta por la hermandad administrativa que guarda con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); meses más tarde, lo hizo el Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (FOVISSSTE), quien administra de forma similar, pero con fondos del gobierno, su patrón. Infonavit presenta un poco más de transparencia informativa, teniendo al 1ro de Mayo del 72 a Jesús Silva-Herzog en el cargo de director general. Él habría de preceder a una lista de personajes más tarde reconocidos en el ambiente político, tales como Emilio Gamboa Patrón 88-91, José Francisco Ruiz Massieu 93 (en cuya administración según página web de Infonavit logra que los recursos del Instituto comiencen a multiplicarse), Arturo Núñez Jiménez, Alfredo del Mazo González (le tocó lidiar con la peor crisis) en el 95, llevándose la presea por más duración en el cargo y lograr cambios consistentes en economía nacional.

Ambas instituciones se han enfrentado a sus propios monstruos, siendo los principales el manejo de recursos y la generación y multiplicación de los mismos. Para estos fines les cayó como anillo al dedo, justo como a otros sectores de la población que administran los recursos nacionales, la introducción de una nueva forma de recaudación fiscal: el Impuesto al Valor Agregado, que aumentaba un 10% al valor de los productos, pagado por quien los consumía y que representaría un punto de apoyo para Infonavit y Fovissste, esto en el año de 1980, sexenio de López Portillo.

Después de 40 años de vida, estas dos entidades financieras, especialmente Infonavit, que ha logrado ser la hipotecaria nacional más importante y eficiente de Latinoamérica tiene mejores productos crediticios y se ha aplicado para mejorar su sistema. Cuenta con sistemas de precalificación más precisos, recursos portentosos en sus arcas, apoyos por parte de FONHAPO y la propia banca privada para productos tales como Cofinanciamiento y Apoyo Infonavit. En 2004, con la finalidad de abrir fuentes alternas de financiamiento logra colocar exitosamente los Certificados de Vivienda (Cedevis) en el mercado de valores, por medio de los cuales queda demostrado que es posible usar los mercados financieros para fines sociales, pues al obtener recursos alternos puede financiar más créditos para los trabajadores de México. A pesar de todo el camino recorrido, los logros y las mejoras por venir, una sombra sin dimensión exacta oscurece el paisaje, pues hablamos de dos financieras que no alcanzan a dar servicio a toda la población.


El Bronx lagunero
En 2012 un grito de auxilio aúlla en Facebook: bajo el seudónimo de Javier Mtzz, un usuario publica una profunda molestia hacia Infonavit. Dice haber firmado dos años atrás un documento de dación a cambio de la cancelación de su crédito, obedeciendo a su incapacidad de pagar; sin embargo, durante esos 2 años, le siguen descontando de su nómina y, asunto peor: para que Infonavit finiquite dicha cancelación, le exige sacar a los invasores que viven en la casa que dejó. Javier Mtzz indica en su publicación que los invasores pertenecen a un movimiento pro vivienda de Durango denominado Mosovi, que Infonavit conoce la situación y que el mismo instituto le ha dicho no poder hacer nada al respecto.

El fenómeno de la invasión ocurre mayormente en las casas abandonadas, que se hacen notar por el vandalismo del que han sido víctimas, ¿pero cómo lo logran estos grupos?

Completamente legal, la prescripción positiva se ha convertido en la herramienta favorita de los Robin Hood de la vivienda abandonada. Si bien hay que reconocer que el Mosovi opera de la misma forma que algunos grupos de líderes en apoyo a intereses meramente políticos y voteros, también hay que ver de qué pata cojea el pueblo. Las personas lidereadas, son aquellas con imposibilidad real de obtener los créditos tradicionales de Infonavit y Fovissste, ya no se diga bancario. Por lo tanto, se apoyan en líderes que les venden muy barato el sueño mexicano de tener casa, aunque les cueste el voto y la suerte política del país de sus hijos.

En entrevista con Roberto Morales Flores, especialista en Asesoría Inmobiliaria con recorrido por importantes constructoras de Torreón, en puesto de Gerente de Ventas, nos comparte una visión más general de la problemática: “Las causas del abandono son varias”, expresa: “el desempleo, la inseguridad, los divorcios, el cambio del empleado a laborar a otras ciudades, la muerte del dueño de la casa y la emigración de los hijos y esposa a casa de familiares, etc. Al ya no haber interés en la vivienda, la abandonan. A veces los mismos dueños son los que las vandalizan. Sabiendo que ya no la van a habitar la despojan de los accesorios e instalaciones para venderlos y ayudarse para sobrevivir o para emigrar. Otras veces las vandalizan vecinos o gente de por ahí con el fin de obtener algo de dinero. El problema en sí es complicado. La causa de este fenómeno es la economía, principalmente. En una región con suficiente empleo, disminuyen la violencia, los divorcios, la migración, etc., y aumenta el interés de los propietarios de las casas por permanecer ahí dado que les conviene seguir habitándolas y las pueden pagar con facilidad.”

Continúa: “A pesar de que hay tantas casas en venta también hay un déficit entre las casas que se necesitan y las que se construyen, es decir, hay más gente que necesita casa cada año que las que se construyen. La gente que necesita la casa no tiene lo suficiente para comprarla, no ganan lo suficiente o no tienen acceso a un crédito. Mucha gente en México vive de la economía informal, no hay forma de acceder al crédito, faltan requisitos. Y el principal requisito que nos falta a la población es un ingreso estable, digno, suficiente y justo.


El crimen organizado y su tajada de abandono
Vecinos de la colonia La Perla, en Torreón y San Alberto en Gómez Palacio externaban en su momento que vivían cada día con terror paralizante: era la cresta máxima en las ondas del crimen organizado en la Laguna. Estos grupos de diferentes bandos, tomaban casas abandonadas, las acondicionaban y las utilizaban como casas guarda-secuestrados, bodegas de armamento, bodegas de mercancía y casas guarda-billetes.

Mientras en México D.F. opera desde hace muchos años el Reglamento Vecinal para los condominios, multifamiliares y unifamiliares en circuito, en el norte no logra arrancar. Fraccionamientos que han vendido proyectos repletos de belleza, protección y seguridad a los compradores, han descuidado el lado de la educación vecinal y han fracasado, así sean fraccionamientos de nivel medio residencial o residencial completo. Cartelones pegados en la caseta de seguridad de algunos de ellos, exhiben a Juan Pérez entre otros felices vecinos, como deudor de la cuota de mantenimiento o como faltista en las asambleas, por lo tanto el resto de los vecinos tiene que asumir el cargo completo para preservar en buena forma los jardines, la recolección de basura, el pago a los vigilantes, etc. Si esto pasa hasta en las “mejores familias”, habría que imaginar cómo es la convivencia en las colonias con personas de poco recurso, especialmente si hay entre sus ocupantes, personas dedicadas al crimen organizado. Muchas colonias populares no son de circuito privado, y las que sí lo son, tienen casetas de vigilancia y áreas verdes que dejan de serlo porque en muchas de esas colonias el fraccionador no entregó al municipio y éste, por lo tanto, no cumplió con su parte y no envía a Parques y Jardines o Servicios Públicos a emparejar céspedes, deshierbar, podar árboles o mantener en buena forma bancas, botes de basura, arbotantes, etc. La caseta de vigilancia deja de funcionar porque al no ejercer el reglamento vecinal, no se hacen presentes las cuotas, deja de haber pago para los vigilantes y ocurre entonces el efecto del barrio Bronx, el vandalizado, el abandonado por el orden y el respeto. El cumplimiento del Reglamento vecinal es un reflejo, o deja de serlo, de la educación del pueblo.


La verticalidad en la horizontalidad
En Torreón, en la época en que la constructora Fácil fue absorbida por el desaparecido consorcio Casas Geo (1999), aún no terminaban de construir el último segmento de viviendas en Rincón de la Merced, cuando ya se levantaban los famosos condominios denominados de manera perfectamente acertada, Condominios Manhattan. La gente no les apostaba. Comentarios como “a Torreón lo que le sobra es terreno”, o “aquí no nos gusta eso” eran el pan diario. Y tenían razón, las idiosincrasias y entorno hacían culturas diferentes. Geo tenía sus raíces en la capital del país, ciudad en que no hay de otra que multifamiliares y condominios, edificios de departamentos…las casas son artículo de lujo. Allá hasta las vecindades son de varios pisos.

Condominios Manhattan
Desconozco las astucias aplicadas para venderlos, pero los Manhattan se vendieron y la profecía se cumplió: esos edificios se hicieron famosos por su alto índice de violencia, robo, asalto y uno que otro crimencillo. Tiempo después de creada la fama se pregonaba que esos edificios serían comprados para convertirlos en centros de rehabilitación para mujeres adictas. A raíz de ese rumor hubo un repuntamiento en la reventa de dichos departamentos a precios tentadores, que duró pocos meses. Volvió a funcionar dicha argucia, volvieron a venderse y después nada se supo más.

Fue en el D.F., década de los 60’s, cuando se empezaron a construir multifamiliares. El arquitecto mexicano Mario Pani fue el precursor, impulsado por teorías del diseño vanguardista del arquitecto franco-suizo Le Corbusier. La creatividad y pasión de Pani consiguieron el sí de inversionistas y desarrolladores que dudaban de su proyecto, el Multifamiliar Miguel Alemán: un éxito económico para los inversionistas y una solución espacial inteligente implantada en pocas hectáreas, elevando la densidad habitacional a 1000 personas por hectárea; fue un éxito aunque la crítica lo señalara como un lugar de terrible hacinamiento humano. A pesar de que su teoría fue impulsada por Le Corbusier, ya en otros orbes del mundo, Nueva York lo más cercano, se ejercía ese manejo espacial: confinamientos verticales frente a enormes áreas abiertas con jardines y paseos agradables para los habitantes. Y con consecuencias sociales, claro. Volviendo a la Laguna, quedaba claro que eso no era lo nuestro. Al menos no por ahora.


Torreón…la ciudad que vendió al desierto
Cuando veo ese mensaje sobre lámina en la entrada de Torreón, me pregunto si realmente vencimos al desierto. ¿No será más inteligente y menos desgastante adecuarse que vencerle? Creo que el mensaje de la lámina equivocó en una de sus letras. Una de las cosas que pasó, fue no dar su respetable lugar a profesiones que brillan por su ausencia, tales como la Arquitectura y el Urbanismo. En vez de ocuparse del centro de la ciudad, por ejemplo, de su remozamiento y recuperación arquitectónica, se ha optado por apoyar la construcción de centros urbanos en la periferia, de clases baja, media y alta, cuando la gente que trabaja en el centro requiere vivir cerca de él. No hay que confundirnos…los suburbios no son lo mismo aquí que en USA. Las autoridades han descuidado totalmente el diseño urbano, de fraccionamientos y en sí, de las propias viviendas. Antes de los ‘80, los jóvenes deseosos de estudiar la carrera de arquitectura debían emigrar y lo hacían a Guadalajara o Distrito Federal. Aquí se cuenta con valiosos elementos egresados de esas universidades, quienes, además de introducirse en la fuerza laboral de la región, compartían su conocimiento y pasión en las universidades. La carrera de arquitectura se implementa en Torreón en los ’80.

Mientras Le Corbusier la definía como “Un juego de volúmenes bajo la luz”, el arquitecto jalisciense Ignacio Díaz Morales esculpió una definición vasta: “Arquitectura es la obra de arte que consiste en el espacio expresivo delimitados por espacios constructivos para compeler el acto humano perfecto”. El acto humano perfecto… ¿cuál acto humano? Todos. En urbanismo, el acto humano es: conducir un auto sin que se empalmen carriles, caminar por las aceras sin sentir que los coches subirán a ellas, tener espacios para que las bicicletas circulen, llegar a un parque de manera segura, el parque en sí con sus funciones bien cubiertas, la ubicación de una escultura sin que se la coma un edificio aledaño, el trazo de bulevares, pasos a desnivel, estaciones de autobús, pasos peatonales, ubicación de espacios por tipo (comercio, industria, arte, habitación, educación, servicios...), etc. El acto humano en arquitectura, en la casa por ejemplo, es: sacar de la alacena y del refrigerador sin que el codo me estalle contra un mueble, cocinar mientras otro puede lavar trastes, tener donde enjuagar y donde colocarlos secos, guardar objetos, descansar sin ser molestado, distraerse, convivir en familia, cepillarse los dientes sin que el brazo choque contra el muro, bañarse y tener agua suficiente. A esto sumar estética, identidad, etc.

El reglamento de construcción es quien se ha encargado de disponer de las superficies mínimas para construir una casa,  una banqueta, áreas verdes. En él se apoyan los desarrolladores, pero algunos han jugado a “juez y parte”, por tanto se rompe todo orden: la compra de tierras ejidales a precios de risa y la venta de las mismas con casas encima y porcentajes multiplicados por cientos de ganancia que no equilibran para nada el breve espacio en que se diseña la casa, así sea de Senderos. Basta visitar un fraccionamiento nuevo para percatarse que en las banquetas no puede plantarse un árbol y quedar espacio para que una persona sea capaz de circular por ahí. La cocina mexicana está en peligro de extinción: la casa de interés social no puede soñar con ella, se le ha asignado un espacio microscópico para colocar una estufa, un refrigerador pequeño, una tarja de una tina y una barra desayunadora (en algunos casos). En el comedor cabe una mesa de 4 sillas, multifuncional (comer, planchar, hacer tareas), y la sala, multifuncional también funge como área de convivencia, tv y siestas. En las recámaras (incluyendo la “master”), cabe sólo la cama y un buró. Proliferan cantidad de diseños por parte de mueblerías, para intentar solucionar el problema espacial de la recámara actual. En los patios, el jardín es una quimera: área de tendido y sanseacabó. El pasillo de servicio se convierte en bodega. A pesar que el reglamento lo impide, las constructoras hacen casa unifamiliar de hasta 3 mts de frente, amparados por el Régimen de Condominio. Los materiales con que son construidas no son amigables con el medio ambiente: construir con adobe ya no es respaldado por el sistema, a pesar de que en la ciudad sobreviven en buen estado construcciones de adobe con más de 100 años, mientras hay casas actuales que gracias a su pobre sistema constructivo refieren grietas o asentamientos a menos del año de ser levantadas.

Tenemos en nuestros haberes las casas más pequeñas y peor construidas en la historia, con los precios más altos, a pagar durante la tercera parte de nuestras vidas. Entonces, ¿no serán estas casas el origen de que la proxemia sea amenazada por no cumplir con el espacio suficiente? ¿No será ésta la razón por la que los niños y jóvenes prefieran convivir fuera de casa, donde no hay cómo compeler el acto perfecto y se junten en las minúsculas esquinas a compeler el imperfecto? ¿Y no es la inestable economía otro verdugo qué vencer?


Habría que escudriñar las formas de administrar el recurso nacional para la vivienda y reconsiderar programas de acción que incluyan arquitectos y urbanistas cuya sapiencia, creatividad, pasión y ética estén por encima de la billetera y puesto público de sólo unos cuantos.

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