La máscara agridulce: el panorama teatral en La Laguna

Juan Carlos Martínez Estrada

Por: Jacobo Tafoya

Entrevistado por Revista de Coahuila, el actor y director de amplia trayectoria, Juan Carlos Martínez Estrada, dio su opinión sobre los quehaceres del teatro lagunero. Éstas son sus palabras.

El panorama ha cambiado desde los últimos veinte años. Ha habido varias modificaciones en las políticas culturales gubernamentales. Dentro del quehacer teatral no puede definirse en sí un panorama, porque el trabajo escénico es de grupos, de pequeños clanes.

En 1996, cuando regresé, de la Ciudad de México, había clanes de la UIA, el ITESM, el clan Jorge Méndez, el de Tony Balquier; cada director tenía su clan y no había un panorama específico que definiera, sino que había grandes propuestas escénicas y otras muy pobres. Me refiero a todos los niveles: maestros de gran trayectoria haciendo porquerías y muchachos haciendo genialidades, y viceversa. El teatro lagunero no tenía una constante, un perfil, y eso era muy claro; había diferentes estilos de hacer teatro; había sobre todo un teatro comercial, infantil, muy fuerte (Rojas-Máynez y Vicente Padilla, entre otras) que habían conquistado el mercado nacional de teatro infantil. Había teatro comercial, que buscaba el gusto de la gente, y otro que iba hacia la propuesta de contenido, de ideas, peor no había una unidad que los definiera. En la evolución se ha ido uniendo la gente teatral, mucho por condiciones que tienen que ver con la política. Llegó Gerardo Moscoso y quiso poner en contra a todo mundo, pero lo único que logró fue que los teatristas laguneros nos uniéramos para contrarrestar su desprecio por la comunidad teatral local.

Con el paso de los años ha ido definiéndose un esquema de teatro, pues se unifica una metodología del quehacer teatral, de la enseñanza del teatro en los talleres y grupos, entonces empieza a haber una unidad de estilo en la propuesta, empieza a haber riqueza de conceptualización. Hay una propuesta fuerte teatral que hoy en día sí nos deja decir que hay un perfil del teatro lagunero: está preocupado por la pareja, la trascendencia, la belleza, la propuesta escénica en sí y la interpretación de actores. Se está haciendo teatro con tres pesos, de muy buena calidad.

Cony Múzquiz
En Torreón hay cerca de 35 a 50 compañías teatrales constantes, incluyendo las escolares, debido a que por mucho tiempo los maestros dentro de las escuelas generaron una metodología. Cony Múzquiz (UIA, UVM, La Salle), por ejemplo, cuya propuesta se ha dejado sentir a lo largo de 15, 20 años. La gente que estábamos al frente de la Ibero, o del ITESM, éramos personas que teníamos cierta formación en unidad de criterios y estilos, porque luego llegan descubridores del hilo negro y pretenden enseñar el teatro de una manera muy particular donde el lenguaje no tiene nada que ver con el común general. La propuesta realmente interesante estaba en las universidades; los grupos independientes pues sí hacían sus pininos, y el festivalito de la Coca (en el Isauro Martínez, que nunca alcanzó a ser realmente universitario y se quedó en lo escolar, sin muchas propuestas profesionales) nos daba la oportunidad de ser reinas por un día y muchos grupos se trepaban a estos festivales; estaba el encuentro nacional de teatro, que por falta de apoyo desapareció. La propuesta universitaria era de mucha mayor calidad y varias instituciones se peleaban a los maestros. Ese teatro ya no tiene la misma importancia porque la propuesta teatral ya no está en las universidades, mutó; esa gente que estaba trabajando ahí fundó sus propias compañías independientes; actores que en los 90’s estudiaron con Cony Múzquiz, Jorge Méndez o conmigo, finalmente dieron el salto cualitativo hacia la búsqueda, la investigación y la preparación, y se están ya perfilando sobre todo algunas mujeres hacia la dirección escénica; finalmente están lanzando un teatro ya de propuesta que no estábamos viendo ni a principios de la década pasada; esa generación que se formó en los noventas va ya empujando a las siguientes.


Calidad a cambio de expectación
Se está formando público. Esta idea de separar al público del evento escénico es muy primaria. Mientras haya más teatro, habrá más público; la tendencia siempre será crecer porque el lagunero agradece mucho el espectáculo y cuando le llegas a mover las tripas, el lagunero vuelve por más y se hace afín a la idea de frecuentar nuestros escenarios, y jala a su gente. El público se tiene que formar, pero esta formación no existe como un ente aislado: existe teatro y el público va cuando ve calidad, punto. La difusión está en las redes sociales, porque a los medios locales soberbios, inaccesibles y costosos realmente no les interesa promover la cultura. La gestoría y promoción cultural de los institutos municipales o estatales es una verdadera porquería, no funcionan en lo absoluto; no hay nada en nuestra región que caracterice un buen trabajo de difusión gubernamental, todos los esfuerzos son individuales, en redes, de boca a boca.

La generación de públicos se hace trabajando, haciendo teatro de calidad con temas que le interesen, que le lleguen; el arte tiene que ser trascendental. Cuando al público le das un teatro reflexivo, sobre un tema que le preocupa, una constante de la época, acudirá; pero si va y ve una propuesta mala, sin idea de dirección escénica, plano, absurdo, sin actores que creen en lo que están haciendo, no volverá al teatro, se espanta; es lógico.

Cuando yo empecé en el teatro, a finales de los setentas, éste se hacía con nuestros bolsillos y apoyo de la iniciativa privada (en producción, escenografía, vestuario, etc., por patrocinio). Los teatros eran nuestros y teníamos horarios disponibles. Había un teatro, el Mayrán (luego Alfonso Garibay), que era la casa de los teatristas locales, muy activo, lleno de proyectos y cursos; estaba Rogelio Luévano, y grandes actores, como Luis Flores. El teatro se hacía por nuestros huevos, no había ningún instituto municipal de cultura, ni estatal, y trabajábamos muy a gusto, nadie nos molestaba, nadie ponía trabas; fue al crearse el ICOCULT y la dirección municipal de cultura cuando comenzaron los problemas. Ahora son dueños de los teatros, que están en las manos de patronatos obesos y perezosos que no promueven la cultura; son teatros cerrados a la propuesta local.

Hablando del municipio, desde que en los 80’s realmente esos institutos estaban como meras decoraciones dentro de las propuestas gubernamentales, los teatros se cerraron, los empezaron a  rentar como si fuéramos millonarios y ociosos, nunca pensaron en que la profesión teatral es un trabajo del que se come, pero se suda sangre. A partir de que los patronatos teatrales se endiosaron en sus puestos, se nos prohibió tomar decisiones, y evidentemente en ese momento la raza librepensante que hacemos teatro, nos largamos; estuvimos peleando muchos años con el patronato del Isauro Martínez para que el teatro Alfonso Garibay volviera a ser ese teatro Mayrán que nosotros queríamos, que nosotros habíamos hecho, por el que nos desvelamos, trabajamos, por el que nuestras madres cocieron piernas y telones, pero jamás vimos la voluntad.


Los espacios para el teatrista lagunero
María del Roble (More) Barrett Zertuche
More Barrett es una mujer inteligente y de teatro, que desde que tomó la dirección del Teatro Nazas se dio cuenta de que el teatrista local no tendría un verdadero espacio si no se le abría ese recinto, consciente de que los públicos eran breves y que habría pérdida para el teatro, que mucho más gastaría en sueldos, luces, clima, etc., que lo que habría de ganancia por ventas en taquilla. El teatro lagunero tiene 200, 300 espectadores, no más, al menos que seas una institución educativa que le encasquete boletos a sus alumnos. Acá se hacen las cosas en medida de los recursos; inviertes y consigues cosas prestadas, y vestuarios; a veces son los muchachos los que pagan sus vestuarios, o uno como director pone de su bolsa. En el Nazas se dio la oportunidad de que lo que entrara de taquilla se dividiera a mitades entre el teatro y la compañía en cuestión, lo cual me pareció de una generosidad mayúscula, pues ningún teatro en Torreón ha hecho eso, al contrario, se han cerrado espacios como el Mayrán.
La comunidad teatral ya está harta de intentar hablar con el patronato soberbio del Isauro Martínez, que opera con dinero del INBA, con impuestos nuestros. Ese patronato está obligado a abrirnos el teatro a los artistas locales, pero está gobernado por un grupo de empresarios millonarios cuya visión no entiendo. No veo un Isauro Martínez abierto, lo veo rentado como un salón de fiestas; un teatro es un espacio que se tiene que gestionar y mover con una dirección que traiga espectáculos, que tenga un proyecto de desarrollo cultural, de otro modo no tiene sentido, sólo es un bonito monumento.


La formación teatral en Torreón
El centralismo cultural ya fue superado en nuestro país. Las propuestas teatrales ya no están en el D.F. exclusivamente. Por supuesto que las escuelas teatrales en la capital son referencia, pero realmente para formarte puedes empezar por los talleres locales que existen, con la gente idónea, claro. Lo único que tiene que hacer el actor lagunero es tomar múltiples cursos: canto, danza, literatura; buscar por varios lados lo que obtendría integralmente en una escuela de artes escénicas.
La UAdeC anuncia su licenciatura en teatro y yo me pregunto de dónde va a sacar la plantilla de maestros capacitada para dirigir esa escuela.

Estoy a favor de una verdadera y real academia, libre, independiente, pensadora; es costosa y debe estar libre de partidos políticos, entonces necesariamente tiene que ser privada, tal vez con un patronato que se mueva y funcione, que sepa bajar recursos de la SEP, el INBA, CONACULTA. Será rentable dentro de diez o quince años, porque tendrás un pueblo preparado y culto. Es lógico, si tú creas un desarrollo cultural es porque tienes un desarrollo económico: una escuela de artes escénicas mínimo necesita una inversión inicial de tres a cinco millones de pesos (sin considerar un teatro universitario) y anualmente cerca de dos millones, muy modestamente. ¿Se va a abrir en el 2016? Yo quiero ver cómo lo hacen. Se les dijo lo que costaría, todas las condiciones específicas de las instalaciones que no se podían ignorar.

Si tienes un estado que se retira del apoyo a los teatros, que no le interesa la cultura, con un gobernador que está en la inopia, pues esto ya se acabó. La política estatal en Coahuila y Durango ha sido bloquear la cultura, tal vez no intencionalmente, sino por ignorancia, por falta de visión. Esto no puede seguir siendo un plan sexenal, no podemos seguir esperando a que los gobernadores entrantes tengan la sensibilidad para desarrollar cultura; la regla indica que cada nuevo gobernador va siendo más ignorante en políticas de cultura. Creo que lo único que puede salvar esto es un consejo ciudadano de cultura, de los verdaderos artistas, definiendo una Comarca Lagunera en el 2030, 2040, con programas donde ningún gobierno pueda meter mano a ese presupuesto. Debe existir un consejo autónomo que vigile los intereses de la academia y no los intereses políticos del estado.

Las opciones para el actor lagunero que busca formarse fuera de su región serán Xalapa, Aguascalientes y el Distrito Federal. Guadalajara no ha desarrollado una escuela, Chihuahua la tiene muerta, en Monterrey la escuela de artes escénicas es bastante mediocre. Pero a fin de cuentas, la calidad no está determinada por tu nivel de información sobre teatro, sino por tu nivel de compromiso. La necesidad expresiva tiene que existir en ti. No es que no sea necesario estudiar, pero tu necesidad expresiva te debe llevar a buscar la información. En Torreón, semillero de gente de escena, nunca se le ha prestado atención a lo formativo, y básicamente es por una miopía universitaria, que no alcanza a vislumbrar la necesidad de formar artistas.

Hace 30 años ser actor era salir en películas, telenovelas y hacer teatro, no había más; pero en la actualidad la empresa cultural, el artista independiente es el que ha logrado mayor éxito nacional e internacionalmente; no depende de ninguna institución en lo absoluto. Sí, las instituciones son importantes en la formación de artistas, es responsabilidad del Estado educar a sus artistas para proyectarlos y que vivan luego de ese prestigio libre; escuelas como la Metropolitan Opera House o la Juilliard viven de un prestigio, permanecen y ya no tienen que estar subvencionadas, por el hecho de que sacaron buenos productos con un programa coherente alejado de toda política y acercado más a un espíritu académico: sería ideal una universidad con espíritu académico más que político.

Juan Carlos Martínez y Elena Reyes en la obra "Alguien de Asís" (Torreón, 2014)
Hasta el momento el actor lagunero se tiene que ir de Torreón para formarse académicamente, y tampoco es de ley que tenga que regresar a su ciudad ya formado. La ventaja del actor moderno es que ya no está en un local; viaja, se mueve, es internacional, se expande, presenta proyectos en festivales.
Esos artistas mexicanos que están destacando en el mundo lo hacen porque con su propia bolsa se largaron un día de este país que los oprime y no los deja crecer. No hay ningún instituto gubernamental detrás de ellos; se promueven porque saben hacerlo y saben cobrar bien por su arte. El artista de este tiempo sabe que no debe regalarle su trabajo al gobierno, no para mantener burócratas e institutos culturales con exceso de personal y manejos grises del presupuesto. Los institutos de cultura gubernamentales cuestan mucho dinero y no dejan absolutamente nada. Hay que declararlos obsoletos y hay que cerrarles esa llave económica. Hay que pensar en el artista y no en el burócrata.

Torreón puede tener una licenciatura en artes escénica, mediante la universidad que quieras, el problema está en entender que no puede ser la política lo que rija la apertura de una licenciatura artística, sino necesidades estéticas, de formación, en una región que saca de ocho a diez actores al año que se largan de la región para perseguir la profesionalización de su sueño. Los laguneros son la minoría más alta en las escuelas de actuación del D.F. En lo personal, lo mismo que me hizo irme de Torreón es lo mismo que me hizo regresar: que no hay aquí dónde estudiar actuación profesionalmente; pero no se puede confiar en la mediocridad de las autoridades culturales.


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