Noches de beisbol lagunero: el viejo rey de Torreón


Cielo despejado. Luces de estadio a medio encender. El campo luce radiante y el pasto está recién regado. Hay gran alborozo y expectativa. Por todo el estadio las personas se apoltronan en algún lugar de las gradas. Tienen sed y hace calor. El aire está impregnado de olor a cerveza.

Los aficionados se desplazan con dificultad entre el grupo que se ha quedado sin asiento, buscan con la mirada, rodean la tribuna, no hay más lugar. Son las 8:10 PM de un domingo 5 de abril. Los que siguen parados miran de reojo a los sentados para ver si alguno se arrepiente y abandona su espacio. No ocurre.

Un hombre termina por acomodarse en los escalones que serán la pasada de los vendedores de botanas, cerveza, aguas y refrescos. El cemento está un poco caliente. La música suena desde la llegada de los puntuales; el atardecer se esparce por el cielo lagunero. De repente, anuncian que empezarán los honores a la bandera. “Firmes, ya”. Faltan sólo quince minutos para arrancar el partido. “Cheve, cheve”, gritan los vendedores.

En cuanto el lábaro patrio desaparece del terreno de juego, las 9 estrellas salen por el túnel. Traen los uniformes limpios y la energía golpeándoles las sienes. Se acomodan en su espacio cada uno y comienzan a calentar: brazos a los lados, acostados, levantando las piernas, moviendo la cintura… Observamos, sentimos que estamos parados en ese mismo pasto con los zapatos sucios y que les ayudamos a apoyar las piernas para que ellos puedan levantar el torso o sostener sus pies mientras suben la otra pierna. Nos espabilamos y de nuevo el atardecer nos recuerda que todavía no ha llegado la hora.

En medio del tumulto dos hombres de sombrero se saludan, tienen bigote blanco y espeso. Se toman del codo para acercarse a saludar al otro, sonríen. “Bienvenidos a la magia del béisbol lagunero”, suena una voz a sus espaldas mientras la música anuncia que falta poco para el comienzo. Esperamos.


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El béisbol también es conocido como “El Rey de los Deportes”, ya que anteriormente se creía que la cacería y el polo eran los deportes de los reyes. Después, un comentarista deportivo declaró que si éstos eran los deportes de los reyes, entonces el béisbol debía ser el Rey de los deportes.

Juan Antonio García Villa
“Considero que es un deporte único porque mezcla adecuadamente capacidad física, condición atlética e inteligencia. Jugar béisbol no es fácil. Hay quienes piensan que es un deporte lento porque no se corre tanto, más bien la energía se concentra en pensar las jugadas que pueden realizarse”, comenta Juan Antonio García Villa, abogado, economista y aficionado desde la infancia a este deporte, quien escribió el prólogo del libro Béisbol, pasión y orgullo lagunero (2004).

Juan Antonio recuerda que Pedro, el ‘Mago’ Septién, un reconocido cronista de béisbol que murió en diciembre de 2013, explicaba que en este deporte hay 12 millones de jugadas posibles. En cambio, según Pedro, en el futbol soccer hay 18.

Para el abogado, la cantidad de jugadas que pueden realizarse en este deporte son infinitas. “El béisbol llegó a México de los Estados Unidos. Algunos dicen que llegó por Cuba, donde los primeros partidos se jugaban en 1860. Se piensa que comenzó a jugarse en nuestro país durante la década de los ochenta. Sin embargo, en La Laguna se jugaba béisbol desde 1900 en un poblado de Durango llamado Velardeña. Aunque tal vez pudo haber sido antes. Hay quien dice que el béisbol llegó a La Laguna a través de una compañía agrícola de Tlahualilo, que trajo negros americanos a las faenas, quienes practicaban este deporte”, explica.

El lagunero recuerda que la afición de la región era impresionante. Comenta que aunque muchas personas asocian a La Laguna con Club Santos y el futbol, hace 40 años el béisbol era el deporte más importante en esta zona. “Tengo una foto de 1924 donde sale un equipo jugando en Velardeña”, asegura.

El aficionado explica que encontró una guía anual de béisbol editada en 1904 por Spalding, una marca de artículos deportivos (guantes, pelotas), donde aparece una nota acerca de cómo el béisbol había ido creciendo en nuestro país, principalmente en el norte, y es ahí donde hay una referencia a La Laguna. “En esta guía encontré el dato de unos juegos de béisbol en Velardeña en 1900, porque había una compañía minera de capital norteamericano y los trabajadores fomentaban este deporte”.


AFICIÓN HEREDADA
De acuerdo a Juan Antonio, hubo una gran afición beisbolera hasta la década de los cincuentas. Incluso, existía la Liga Torreonense que llegó a tener casi 300 equipos en la ciudad. “Pero aquí, además de la Liga Torreonense que ya desapareció, existían otras ligas, por ejemplo la Liga de Empleados y Profesionistas, la Liga Bancaria, la Liga de las Artes Gráficas, la Liga Gomezpalatina, la Liga Lerdense, la Liga de Matamoros, la Liga del Perímetro Lavín, la Liga Ranchera y la Liga de San Pedro. Impresionante”, recuerda. Cabe destacar que la Liga Mayor de Béisbol de La Laguna fue fundada en 1949. En nuestro país actualmente existen 14 ligas profesionales de béisbol.
El abogado dice que a partir de los años cincuentas el número de aficionados que practicaban el béisbol en el ámbito amateur comenzó crecer. En su opinión, el ámbito semiprofesional, es decir, personas que trabajan y que juegan béisbol los fines de semana, ha sido permanente.


LA HUELGA DEL 80
En palabras de Juan Antonio, la huelga de 1980 significó un punto de quiebre hacia la baja. Por otro lado, él cree que se trató de una huelga inducida. El también columnista, asegura que el Presidente de la Liga Mexicana de Béisbol por aquellos años, don Antonio Ramírez Muro, le contó que esa huelga fue producida por los capitales del futbol soccer para hacer que la afición del béisbol decayera. Cuando la huelga del 80 estalló, había veinte equipos en la Liga Mexicana. Sin embargo, Algodoneros del Unión Laguna logró completar la temporada.

Prueba de ello, asegura, es que el primer encuentro deportivo televisado que se transmitió “a control remoto (es decir, en vivo)” fue un partido de béisbol entre los Azules de Veracruz y los Diablos Rojos de México desde el Parque Delta, el 22 de marzo de 1951. Con esto, Juan Antonio reitera la importancia de este deporte en nuestro país en aquella década, así como la gran cantidad de aficionados con los que contaba.

Martín Dihigo
García Villa recuerda que en 1942 llegó a jugar a La Laguna, en sus palabras, el que fuera el más grande beisbolista de la historia, Martín Dihigo, quien por motivos de discriminación racial no pudo jugar en las ligas mayores. El bloqueo del béisbol organizado contra los negros se vino abajo en 1946, que fue justo el año en que Martín se retiró. Además, Dihigo era a su vez manager y jugador: “Imagínese, qué afición no habría en aquellos años que el estadio se llenaba y tenían que poner tablones y carros algodoneros detrás de las bardas para que la gente presenciara los partidos”.

Asimismo, considera que la afición actual es buena pero no tan numerosa como la de aquellos años. “En aquella época el Estadio que usaban era el Revolución y existía un Expreso del béisbol. La gente salía de la estación de Gómez Palacio y hacía una parada en la de Torreón, que estaba ubicada en la avenida Presidente Carranza (que antes se llamaba Iturbide), entre Valdez Carrillo y Cepeda”, recuerda.

El Expreso del béisbol salía a las 8 de la noche, recorría todo el bulevar Revolución (que eran las vías del ferrocarril) y hacía una parada en el Estadio Revolución, donde descendían los pasajeros. “En aquel tiempo era raro que un juego durara dos horas. Terminando, la gente tomaba el Expreso de nuevo, regresaban por el bulevar Revolución, hacían una escala en la calle Colón, otra en la estación Torreón y el viaje terminaba en la estación de Gómez Palacio. Incluso, si había gente de Lerdo, podían conectar con el tranvía que pasaba por ahí y con el mismo boleto se iban hasta Lerdo”.

El boleto para viajar en primera clase costaba 40 centavos (ida y vuelta), mientras que el de segunda, 20 centavos. “Imagínese la cantidad de aficionados que había para que fuera necesario tener un montón de carros de ferrocarril que realizaran este recorrido cada vez que había partido nocturno de béisbol en Torreón”.

Por otro lado, en la opinión de Juan Antonio las televisoras tienen preferencia e interés comercial por el futbol soccer, razón por la cual rara vez transmiten partidos de béisbol a través de este medio masivo.


ESTADIOS, HISTORIAS
Los estadios son símbolos de pasiones compartidas, de la historia de una afición y su paulatina evolución. Una herencia que mantiene las emociones y el apego deportivo a flor de piel.
“Hay que decir algunas cosas. Primero, el estadio de la Revolución no fue diseñado para jugar béisbol. Un estadio de béisbol necesita ser más compacto para que las tribunas se sitúen cerca del terreno de juego; en cambio, el Estadio Revolución fue construido para olimpismo, por lo que la gente que está en sol y sombra queda muy lejos del campo”.

"El Mecano"
 García Villa recuerda que en Torreón existió un estadio de béisbol conocido como El Mecano, que se instaló sobre la calzada Ávila Camacho a la altura del Aeropuerto Federal. “Era un estadio con capacidad para 18 mil espectadores y anteriormente era usado en Houston, ya que se trataba de un inmueble desmontable; le llamaban ‘el del millón de tornillos’ y era como los de las grandes Ligas. Aunque estuvieras en galerías o tribuna, quedabas cerca del campo de juego, como debe ser”.

El columnista piensa que aunque el Estadio Revolución es considerado un símbolo de la región, la mejor época –allá por los setentas– se vivió en El Mecano, cuyo nombre oficial era Estadio Superior.


CAMPEONATOS
“Ha sido una larguísima sequía sin un campeonato; la última vez que un equipo de La Laguna resultó campeón fue en 1950, es decir, hace 65 años. Creo que la afición lagunera, tan noble y leal, se merece un campeonato”, apunta Juan Antonio.

Pepe “Zacatillo” Guerrero
Al respecto, el beisbolista don Pepe “Zacatillo” Guerrero, quien se inició en 1948 y que falleció en 2009, narró: “El campeonato del 50 fue una experiencia inolvidable, yo creo que fue uno de los campeonatos que más se grabó en mi mente, tal vez porque era muy joven y por la gran calidad humana de todos los compañeros…, y qué decir del inolvidable “Memo” Garibay, que no se conformaba con dirigir, sino que también ponía la muestra peleando duro en el terreno de juego. Ése fue mi primer campeonato y yo creo que me sirvió de motivación para seguir adelante en este bello deporte a través de mi larga carrera”, cita en su capítulo 18 Javier Cavazos Gómez, autor del libro Béisbol, pasión y orgullo lagunero.

Por otro lado, García Villa cree que conforme pasa el tiempo los juegos de béisbol se han ido haciendo más lentos. Comenta que en los años veinte era raro asistir a un partido de dos horas: “Pero fíjese nada más qué paradoja: cuando la vida era lenta, el béisbol era rápido. Ahora que la vida es más rápida y complicada, los juegos se hacen interminables, 3:30 o 4 horas en cada partido. Y luego si no está bueno, peor”, explica.

Según su propia teoría, los cambios de pitcher son uno de los factores que han ralentizado los encuentros, ya que anteriormente el lanzador sólo era relevado una vez. “Hoy no. Ahora el pitcher sale antes y viene un preparador y luego el relevo largo…”.


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Los gritos de emoción comienzan a sonar por todo el estadio. Fuegos artificiales nos deslumbran; la emoción estalla igual que las luces por todas partes. Miramos sorprendidos.

Comienza la primera entrada. El pollo, la mascota de Vaqueros Laguna, se pasea por el campo de juego invitando a la afición a gritar y a abuchear al rival: se mueve de un lado a otro, es una figura icónica que incentiva, dirige y coordina las emociones de la afición naranja.

Cuando el pitcher del equipo contrario está por lanzar, la afición lagunera se adelanta dejándole caer encima una bulla, haciendo trampa para desorientarlo. En cuanto se logra la primera carrera los ánimos y gritos recorren el terreno de juego, el apoyo no cesa. Celebramos con aplausos.


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