La nota roja musical: la música norteña (del canto agrario a la narcocultura)

OPULENCIA INMEDIATA Y FUGAZ MUSICALIZADA; la persecución del efímero pero poderoso apogeo económico. no importa quién muera; no importa el tejido social porque al país nada se le debe. 

Por: Francisco Zamora


La música popular mexicana de los 70’s en el noreste de México (Nuevo León -estado parteaguas de la música norteña-, Coahuila y Chihuahua) conocida como conjunto norteño, era un grupo de cuatro o cinco elementos que ejecutaban instrumentos tales como acordeón, saxofón, tarola o redova, contrabajo, tercerola o guitarra; a tres voces se interpretaban las canciones que sonaron en todo el territorio mexicano y se dieron a conocer los primeros grupos norteños que hablaban sobre hechos y personajes de la Revolución Mexicana: Los Alegres de Terán, Piporro, Los Montañeses del Álamo, Ramón Ayala, Cornelio Reyna, Los Invasores de Nuevo León, Los Cadetes de Linares, Luis y Julián, Carlos y José, Los dos Reales, y Los Rancheritos del Topo Chico. Todos estos grupos defendían la música del campo y del pueblo, hacían buenas interpretaciones y mostraban su verdad de la vida a través de sus letras. No es nada fácil ejecutar este tipo de música; se requiere talento, vagancia y virtuosismo. De estos auténticos de la música norteña queda poco, han nacido otros con otras letras y formas alejados de los valores originales.

Más adelante, hacia la década de los 80’s y 90’s llegaron a dominar los escenarios, plazas, televisoras y la radio Los Tigres del Norte, Lalo Mora y Los Relámpagos del Norte, cambiando la forma del tradicional corrido o música popular norteña. Por ejemplo: Los Tigres tienden a una formación en sus letras más hacia el lado oscuro del ser humano: la delincuencia, la traición y el poder, también hablan del mojado y las cárceles de oro, pero dicen en una de sus afamadas canciones, La Banda del Carro Rojo:  Dicen que venían del sur en un carro colorado, traiban cien kilos de coca iban con rumbo a Chicago, así lo dijo el soplón que los había denunciado… Aquí se ve una inclinación hacia la delincuencia organizada y la traición, la ambición al poder y la violencia en su máxima expresión. Los Tigres son los dueños de los corazones perdidos  de las mujeres maltratadas y de los polleros fracasados, también son los dueños de los canales televisivos de música norteña y de la radio, revistas musicales y todos los escenarios patrocinados con nuestros impuestos en fiestas de la ciudad. La letra y música de este conjunto influye en los desamparados, la clase baja y los carentes de posibilidades de crecimiento cultural. Los Tigres han sabido vender su música y letra a los capos del poder de la droga. En su canción Jefe de Jefes, lo reafirman con prepotencia y distinción hacia algún cártel o comando armado en particular; así camina la vida y obra del poderío, la ambición del narcotráfico y su música.


NADA TIENE DE PACÍFICO

Hoy, la música de banda es ensordecedora, no hay calma, ni siquiera en sus baladas; es el ruido del barrio en el pacífico y quienes lo imitan, de los cumpleaños del compadre, día de la madre, del bautizado, de todos los bailes y palenques, y de los festejos masivos cuando un equipo gana el campeonato. Es la música de la presunción, la fanfarronería y la violencia auditiva.

En los 30’s se inicia este género entre las poblaciones rurales de Sinaloa, Nayarit, y Sonora. En los 50’s su sonido y letra era todavía auténtico e inclinado a su pueblo, su raza y su alabanza a los muertos.

Trompetas, clarinetes, tubas, tambora de piso o de pedestal, tarolas, platillos y cencerros o redovas. Desde cinco integrantes hasta diez o doce: son varias trompetas y clarinetes que vienen a ser las voces musicales en 1ra, 2da y 3ra, uno en las tarolas, otro en la tambora y otro más en la tuba, que hace la función del bajo, y por supuesto hay cantantes líderes con sus segundas y terceras voces. Los atuendos impresionantes de piel y seda muy llamativos, semejan a los payasos de rodeo, magos, luchadores, con largas barbas en las camisas y pantalones y sus tejanas adheridas al cráneo como con Resistol 5000.  Las estructuras musicales de este género son muy diversas: corridos, rancheras, cumbias, boleros, salsas, mambos, merengues, danzones, congas, valses, marchas, polkas y hasta el rock.

La banda que conocemos se origina en Sinaloa en los 70’s y 80’s, banda El Recodo, Banda Limón, Banda Machos (recordando que de esta última banda es “La Culebra”, canción que sonaba cuando mataron a Luis Donaldo Colosio allá, en Lomas Taurinas, Tijuana). Este estilo de tocar de pie es un alarde al machismo, al sentirse superiores, y a ser uno de los géneros implicados en el narcomundo; no es nada halagador hablar de este rito. Sobre el ritmo, la música es complicada y se requiere de audacia y destreza al ejecutar.

Entre 1971 y 1982 la economía se debilita. Aparece la idolatría por Jesús Malverde, Robin Hood mexicano del siglo xx; abundan los altares en rancherías, panteones y mercados. Malverde y la Santa Muerte son los ángeles protectores de traficantes y malhechores, los llevan colgados y tatuados; les hacen fiestas, danzas y reliquias. Va de la mano con Malverde la música norteña, en género de banda. Las agrupaciones empiezan a gobernar la escena del narco, salen de sus agujeros para emprender un vuelo muy caro, del que es muy difícil escapar, y surgen  grupos con hambre de ser grandes entre los grandes, como dicen Los Pumas del Norte en su corrido “El agricultor”: Por ambición al dinero me fui en el contrabando; no soporté la pobreza; las promesas me cansaron; me estaba muriendo de hambre y todo por ser honrado[…] Hoy tengo mucho dinero y vivo como rey; sigo siendo agricultor, nomás cambié de semilla.

Cambiar la vida honesta, matar para siempre el hambre, tener poder. Mujeres bellas, autos de lujo y camionetas doble cabina, sembrar la hierba de la risa y la caspa del diablo; ésta parece ser es la mayor bandera, sin entrar en temas de sus concepciones tan deplorables del amor y las relaciones.


Y SI ADELITA SE VA CON OTRO, ME LOS QUIEBRO

Hace muchos años que se hacían corridos a la revolución y sus gestas, sobre las luchas del pueblo. Hoy la percepción de lo que es un corrido ha mutado.

La violencia provocada en México por el hampa y la “guerra” que le declaró el pasado gobierno federal, ha afectado los más diversos ámbitos de la vida social del país. Aunque el narcocorrido tenía ya varias décadas existiendo, la violencia extendida a nivel nacional lo impulsó, hasta llegar a la creación de músicos como, Gerardo Ortiz, Alfredo Ríos “El Komander” o fenómenos como el llamado “movimiento alterado”.

Las letras de los narcocorridos tienen una descarga de antivalores: de cómo armar y desarmar un rifle de alto poder, de la extracción de muelas sin anestesia, de decapitar con cuchillos tipo Rambo, de desmembrar cuerpos, de transportar yerba y coca sin miedo, de traiciones, de ajuste de cuentas, de grandes regalos a las damas, de lujos excesivos, incluso de niños sicarios matando y riendo (los mini-sicarios). Esto y más deja esta música que se ha agarrado como fiera en el lomo de la ignorancia.
Algunos de los compositores ya son requeridos por los cárteles o directamente lugartenientes para que escriban corridos alusivos al jefe de alguna mafia, a cambio de entre cinco mil y veinte mil dólares. Se les paga a los compositores para que escriban y exalten las virtudes y el poderío de los capos. Este tipo de canciones, ya interpretadas por un grupero, ya con el adorno de la música, es como un reto, como una afrenta hacia otro cártel porque lo dice la misma letra, y eso hace que el otro bando se moleste, y venga ya la réplica con otros corridos y, a veces, con balas.

Hay muchos gruperos que cuando se les pregunta si tienen relación directa con el narcotráfico o con personajes del crimen, lo niegan, o afirman que asisten a sus fiestas porque son contratados y ellos no saben ni a dónde van a ir.

Ahora, el delito no es que el grupero vaya a una fiesta y toque, o que el grupero tenga una amistad con un narcotraficante, sino que se inmiscuya en el tráfico o en actividades delictivas, aunque sea alentándolas, inflando su mensaje.

En diciembre del 2009, por ejemplo, luego de una balacera, es detenido el músico Ramón Ayala con todo y grupo. La fiesta fue cerca de Cuernavaca, en la casa del entonces líder del cártel de los Beltrán Leyva, Édgar Valdés Villarreal alias “La Barbie”, quien en esa ocasión logró huir. La agrupación musical salió libre tras el alegato de ignorancia y al no comprobárseles vínculos a la actividad delictiva. Casi un año después, al ser finalmente detenido, Valdés Villarreal declaró “ellos saben de nosotros y saben a dónde vienen a tocar, aunque Ayala dice que no, que él iba a tocar y no sabía nada”.


QUEDA LA MÚSICA

Opulencia inmediata y fugaz; la persecución del efímero pero poderoso apogeo económico; no importa quién muera; no importa el tejido social porque al país nada se le debe. Los niños crecen escuchando los géneros de la nota roja y se van formando no sólo una idea errónea del valor de la música, sino también una concepción nociva del funcionamiento social al que como individuos son empujados por un entorno, por una ideología degradante. Ya grandes, cuando pueden ligarse a cárteles, siguen promoviendo la misma música que han escuchado y que les va gustando, y cuando tienen el poder ellos mismos la patrocinan.

En el norte de México hacemos muchos tipos de música, con infinidad de grados y mensajes, pero como región pareciéramos estigmatizados por esa música llamada “norteña”, en sus buenas o malas expresiones.

Pero la música es otra cosa. La música despierta en el cerebro sensaciones de paz y equilibrio, a través de su coordinación hace un mejor desempeño de motricidad y ejercita las manos, dedos, pies y reflejos, reafirma los valores, hace del estudiante un mejor ciudadano capaz de transformar el curso del planeta y todo lo que le rodea, sensibiliza el alma del ser humano y no permite ningún tropiezo.
Quienes amamos la música y entendemos su importancia esencial en el tejido social, también sabemos lo nociva que puede ser cuando se usa para promover un mensaje erróneo, cuando el interés del músico es meramente mercantil, de muerte y de poderío.

fazaga@hotmail.com



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