El daño al centro histórico: nadie quiere hacerse responsable

Por: Álvaro González

Es política editorial de Revista de Coahuila no contestar a réplicas de lectores que no firman sus escritos ni dan su identidad, asunto necesario para poder establecer un diálogo formal con ellos, pero en este caso hacemos una excepción por tratarse de un tema de importancia y de gran interés para la ciudad, que además amerita ser ampliado por su complejidad.

Nuestro lector expone en un comentario virtual al artículo de portada “El centro histórico de Torreón: casi todo está perdido”, publicado en nuestro número 307, que “si uno revisa la hemeroteca del Siglo puede ver que la mayoría de los edificios del centro fueron derribados entre los años 40 al 60, la fecha expuesta del reglamento (1996) igual llegó muchos años tarde” (puede usted leer el comentario completo al final de esta nota).

Es evidente que el reglamento sobre el centro histórico llegó muy tarde, pero también es cierto que de 1996 a la fecha han transcurrido 20 años y no se ha aplicado, lo que hubiera evitado la destrucción de muchas edificaciones que están dentro del catálogo pero, lo más importante, que no se ha aplicado la normatividad detallada que se emitió para el cuidado de lo que quedaba en ese momento y para hacer mejoras, porque, principalmente, implica meter al orden a los particulares y, en especial, al gremio de comerciantes y empresarios.

Si bien es cierto que gran parte de las construcciones fueron derribadas no en los 40 sino entre los 50 y los 60, se han seguido derribando fincas y la hemeroteca de El Siglo no ofrece un registro de ello. Citemos un ejemplo: la casona de doña Julia, que se ubicaba en la esquina de las calles Rodríguez y Matamoros, justo a un lado de El Siglo de Torreón, fue derribada en una sola noche en los primeros años de este siglo y ahora se ubica ahí un horrible estacionamiento. ¿Quién derribó esa finca que era patrimonio, además de ser una tradición culinaria muy interesante de la comida española?

Las fincas de la parte poniente de la Plaza de Armas fueron derribadas también en los noventas, por lo menos en el caso del Apolo Palacio y no se aplicó la reglamentación para solares baldíos, que era lo mínimo a que se debe obligar a los propietarios que están especulando con el suelo.

El rescate de lo que ahora es el Teatro Martínez data de los ochenta; la Fundación Arocena y el rescate de todo ese conjunto, que es el más importante museo de la región, se inaugura en el 2006 y la construcción del Teatro Nazas, que rescata también un cine viejo, se inaugura en el 2004, lo mismo que la compra de lo que fuera el edificio del Banco de México.

El rescate fallido del Hotel Salvador es también del mismo periodo, lo que evidencia que en la primera década de este siglo se da un interés gubernamental y privado por el rescate de algunos edificios del centro histórico, que coincide con el descubrimiento del Canal de la Perla (el cual, en la opinión de los especialistas, es una obra singular, pero no es primordial desde el punto de vista del patrimonio arquitectónico de la ciudad, pero sí tiene su interés, mucho menor de lo que nuestro lector refiere, pero lo tiene). Desgraciadamente la última década no sólo ha habido pérdidas en esta materia, sino que se dieron grandes retrocesos.

El problema más importante hasta ahora ha sido la inacción de los gobiernos municipales ante la presión de los intereses de los particulares. Nadie puede ocultar por ejemplo que el empresario Jesús De la Garza Villarreal es un serio problema para la regeneración urbana del centro histórico, y hay que tomar en cuenta que fue tesorero municipal; además de negarse a invertir, debe muchos años de impuesto predial y hasta hace poco, se negaba a pagar. Lo han amagado con embargos de sus bienes, pero no hay evidencia que las cosas hayan cambiado.


PASEO MORELOS, DURANGO Y LEÓN

En nuestro trabajo de la edición 307 no se hace una clara diferenciación que una cosa es el proyecto del Paseo Morelos y otra muy distinta el Centro Histórico en su conjunto, aunque vayan íntimamente relacionados.

El Paseo Morelos es un proyecto de regeneración urbana muy importante; el más importante que se ha realizado hasta ahora, aprovechando la calle más emblemática de la ciudad, la cual, desde el punto de vista comercial, se encontraba muerta o casi muerta.

Nuestro lector defiende el proyecto, en lo cual coincide con un servidor, al mismo tiempo que lo compara con el Paseo Constitución de Durango, aunque hay diferencias importantes entre uno y otro. El Paseo Constitución de la ciudad de Durango es más modesto desde el punto de vista de su equipamiento y de su desarrollo potencial, pero tiene, a diferencia del Paseo Morelos, que, como casi todo el Centro Histórico de Durango, conserva casi todas las fincas coloniales, en su mayoría casas habitación de dimensiones modestas.

En el caso del Paseo Morelos estamos ante un proyecto de un nivel más ambicioso, porque enlaza la Alameda Zaragoza, la Plaza Mayor y la Plaza de Armas, que pueden considerarse como los tres espacios públicos más importantes de la ciudad, exceptuando el Bosque Venustiano Carranza. Además, tiene elementos muy atractivos, como las palmeras y un concepto arquitectónico moderno orientado no sólo al turismo sino también al comercio en giros nuevos, algo que no han entendido los comerciantes tradicionales que fueron beneficiados por la inversión, algunos de los cuales, como el mencionado Jesús De la Garza Villarreal, se consideran inclusive perjudicados en sus “ventas” por las obras del paseo y su diseño, lo que resulta poco menos que increíble.

Sobre el exceso de antros y de consumo de alcohol por parte de los jóvenes, nadie se rasga las vestiduras, pero sí se tiene que cuidar el control de estos giros, el ambiente noctámbulo y el exceso de consumo de los jóvenes. Le recomendamos a nuestro lector leer el reportaje que sobre alcoholismo aparece en la misma edición 307. El exceso de un estimulante se vuelve adicción y la adicción una enfermedad que ya no es voluntaria, sino un impulso obsesivo-compulsivo y un problema grave de salud, eso está en el ABC de las adicciones.

Es evidente que nuestro lector posiblemente conoce los proyectos de regeneración de la ciudad de Chihuahua, pero definitivamente no conoce el caso de León, Guanajuato.

El rescate del centro histórico de León, Guanajuato, lo llevó a cabo la junta de gobierno municipal (resultado de un decisión salomónica por la pugna en una elección que no pudo ganar ni el PRI ni el PAN, aunque el asunto es más embrolloso), dirigida por un empresario muy exitoso, Roberto Plascencia, propietario de la conocida marca de zapatos Flexi.

Plascencia determinó crear un perímetro peatonal, sin acceso a la circulación de automóviles de manera permanente, de ocho manzanas, dentro del cual se ubica la presidencia municipal (que fue totalmente restaurada), la parroquia de San Sebastián, la plaza de armas “Mártires del dos de enero” (la que ahora se denomina plaza de los leones), todos los portales, el paseo catedral, las calles correspondientes a esas ocho manzanas (cuyo suelo fue adoquinado con cantera) y los edificios coloniales remozados, además de las fuentes, que también se prestaron a polémica. Todo esto transcurrió en los primeros años de los 70.

En la parte oriente de la plaza de armas se ubicaban, y se ubican hasta la fecha, el Hotel Condesa y el Edificio Pons, dos edificios bastante feos que rompen con el entorno, pero que respetaron los portales, además de que siguen funcionando bien como tales; uno como hotel y café-restaurante y otro de oficinas.

¿Sabe quién fue en su momento el principal opositor al proyecto? Los comerciantes, casi todos ellos dueños de zapaterías, porque argumentaban (¿dónde hemos escuchado eso?) que las obras perjudicarían sus ventas si se demoraban mucho y, además, se oponían a que no circularan automóviles, pues la gente tendría que recorrer a pie toda el área. Plascencia sencillamente no les hizo caso y siguió adelante con las obras. Hay que tomar en cuenta que esos comerciantes íi eran y son muy exitosos en sus ventas, más después de las obras.

Aclarando la opinión de nuestro lector, en esa zona de la ciudad no había, ni hay, antros, bares, cantinas o bebederos, como no fueran de “cebadinas”, una bebida muy singular que se comercializa en aquella ciudad.

La zona de antros, bares y prostitución se ubicaba sobre la calle Miguel Alemán, pegado al mercado La Soledad, que fue remodelado; lo demás ha desaparecido y ha tomado otros rumbos de la ciudad. Era el equivalente que es para nosotros el sector Alianza.

Pero no sólo fue el perímetro del centro el que se rescató en León, sino que, ahí sí, entró en vigencia un reglamento de conservación del patrimonio, al grado que en los años recientes se desató toda una polémica cuando el gobierno municipal construyó una explanada al llamado Templo Expiatorio, la más importante construcción de estilo gótico que hay en México, una obra monumental y hermosa. El problema era que había una finca considerada dentro del catálogo del patrimonio arquitectónico y no la podían derribar, era una casa apenas mediana, no un edificio. Finalmente, en aras de un bien mayor se solicitó permiso y fue derribada, pero el alegato tardó tiempo y se gastaron muchos trámites, papel y saliva.

Quien quede al frente del próximo gobierno municipal, no importa de qué partido sea, tendrá la obligación de comenzar a aplicar el reglamento para la preservación de lo que queda del centro histórico y plantearse, de forma seria, el eliminar el tianguis de lámina que se construyó en el gobierno de José Ángel Pérez, pero hasta ahora ninguno de los candidatos ha incluido en sus promesas de campaña que desempolvará el reglamento del Centro Histórico, para darle continuidad a las fuertes inversiones que se han realizado como el llamado Paseo Morelos y el impulso al Distrito Colón.

Revista de Coahuila y un servidor agradecemos al usuario anónimo de Blogger, “aalejandro”, por su comentario en revdecoahuila.blogspot.com, que hoy nos invitó a ampliar este tema, y, asimismo, invitamos a toda nuestra comunidad lectora a enriquecer nuestro trabajo periodístico con sus comentarios y apreciaciones.

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aalejandro:
27 de abril de 2017, 00:02

Si uno revisa la hemeroteca del Siglo puede ver que la mayoría de los edificios del centro fueron derribados entre los años 40 al 60 la fecha expuesta del reglamento igual llegó muchos años tarde. El no revisar esos datos llevan a hacer que los comentarios sean sin ninguna precisión como debiera ser y se habla de deterioro y derrumbe de muchas construcciones en 70 años o mas y lo toman como si la Alhambra la derrumbaron igual que casa Lack, la tumbada del Princesa y de todas las construcciones primordiales. Cada uno tiene o tuvo una historia y una razón.

La mención del edificio de Edificio en Morelos y Falcón sería bueno dar una vuelta y ver que se ha remodelado en su interior y al exterior que han seguido al día de hoy las recomendaciones de Centro Histórico para la apertura de un nuevo local. En el caso del Canal de la Perla igual habría sido bueno haberse dado una vuelta para haber escrito la realidad que tiene ya de varios años, es el lugar más visitado de la laguna en Diciembre mas de 10,000 gentes en ese solo mes fueron y se puede constatar en el libro de registro de visitas que está en uno de los accesos de este lugar, en la Semana Santa pasada fueron poco más de 8,000 gentes.

En el caso del Paseo Morelos apenas fue inaugurado en Enero van cuatro meses y creo que es mucho pedir que se vea un exito rotundo en tan pocos dias, hay varios Paseos en diferentes ciudades que sufrieron una transformación, centrándome en el Paseo Constitución de Durango antes de que se cerrara la diversidad de los negocios era muy amplia y al paso del tiempo se fueron cerrando los locales y negocios que no funcionaron y poco a poco se reabrieron los espacios con locales adecuados al paseo, es decir Turisticos en general, sobran bares y restaurantes cuadra a cuadra aparte de otros giros, pero si cuentan los bares que hay no tienen nada que hacer los de Torreón en proporción a los metros cuadrados que Durango en su paseo tiene, fue una transformación que lleva varios años y nadie se alarma o usa de pretexto para criticar lo bien que ha evolucionado al dia de hoy. El negocio que no se adecue a lo que el Paseo Morelos logre, estos van a desaparecer, La funeraria ya se va y es parte de esta evolución, pero no falta quien se rasque las vestiduras llevando de ejemplo los bares y el alcohol. Cada persona decide cuanto toma y si se emborracha o no, "la culpa es del bar" No!!! la culpa es del que decide tomar y ponerse asi!!. Algo parecido sufrió el de Chihuahua, en la ciudad de León y muchas otras ciudades del país.

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