El feminicidio: violencia hasta matar

EL ASESINATO ES LA CULMINACIÓN DE UN 
PROCESO DE VIOLENCIA GRADUAL

Por: Marcela Valles

El pasado 23 de abril, la señora Luz María Rodríguez Galindo, de 65 años de edad, fue brutalmente asesina en su domicilio ubicado en la calle Sicomoros de la colonia Torreón Jardín, un conocido sector de clase alta de la ciudad de Torreón.

Luz María, una madre de familia con un perfil típico dentro de su medio social, recibió cuatro disparos a “quemarropa”: dos en el abdomen, uno en el tórax y uno más en la pierna izquierda. Su agresor se dio de inmediato a la fuga, dejándola abandonada en agonía. Ella, como pudo, llamó  por teléfono celular a una de sus hijas, quien acudió de inmediato para encontrarse con  la terrible situación. Luz María fue internada de inmediato en un conocido hospital privado pero falleció un poco después por la gravedad de sus heridas.

Toda la información que se filtró desde el principio dentro de su medio familiar y social, indica que se trata de un feminicidio más ocurrido en La Laguna, pero a un mes de sucedido, las autoridades judiciales, que han sido entrevistadas al respecto, se niegan a dar información, argumentando que se está en proceso de investigación, mientras que la familia de la víctima también ha cerrado las puertas a cualquier información, algo que no hubiera ocurrido dentro de un medio social de tipo popular.

Sería muy grave si las autoridades judiciales ocultaran o manipularan la información ya conocida de este caso, acción que no se descarta dada la corrupción que impera en el medio judicial y los convencionalismos sociales del entorno económico en el que se da este feminicidio, un problema que ha existido siempre pero que ahora se denuncia y se castiga con mucho más severidad.

Este fenómeno social tan grave, es realmente la culminación de algo mayor y muchísimo más extendido: la violencia de género en torno a la mujer. Asesinar es la última acción de una historia de maltrato, que comienza en lo psicológico, lo económico, las agresiones físicas y finalmente la muerte de la víctima.

En entrevista exclusiva con Revista de Coahuila, la licenciada Nancy Ortega Medrano, abogada del Instituto Municipal de la Mujer, y Amparo Sustaita Coy, facilitadora del centro de desarrollo humano para la mujer CECAF, abordan el tema del feminicidio y del maltrato a la mujer, sus causas y manifestaciones.


LAS CARACTERÍSTICAS DEL FEMINICIDIO

RC: Estamos ante un término que es relativamente nuevo, el feminicidio. ¿Cómo se define este en términos legales?

Ortega Medrano: El término es nuevo ciertamente, pero el problema es viejo; hay cambios muy importantes y se le pone cada vez más atención al problema de la violencia en contra de la mujer y se le ha puesto un nombre: el feminicidio.

RC: ¿Cuál es la diferencia entre lo que conocemos como homicidio doloso, homicidio con agravantes, homicidio en riña y otros términos que tradicionalmente se han empleado en torno al homicidio?

OM: Tiene que ser por violencia de género. Lo que marca el Código Penal de Coahuila en el artículo 336 es que tienen que existir ciertas circunstancias, las cuales son el que exista violencia sexual; que exista violencia en contra de la víctima por su condición de género; que se hayan infringido lesiones vergonzosas a la víctima; que exista una relación sentimental, afectivas o de confianza entre el sujeto activo y la víctima, y que el cuerpo haya sido expuesto o depositado en algún lugar público.

RC: ¿Se tienen que dar todas las agravantes o es suficiente que se den algunas de ellas?

OM: No todas; se pueden dar dos o tres y es suficiente para que se pueda considerar como un feminicidio.

RC: Por ejemplo en el caso de una señora que sufre algún tipo de violencia, como puede ser la psicológica o la verbal de parte del marido y éste llega al asesinato utilizando un arma de fuego, ¿sería feminicidio?

OM: Sí, porque aquí se cumplen al menos dos condiciones: la existencia de una relación sentimental, afectiva, que en este caso es conyugal y el asesinato utilizando un arma de fuego.

RC: Entiendo que el feminicidio como tal es castigado de manera más severa por la ley que otro tipo de homicidios…

OM: Así es; se da una pena de entre 20 a 50 años de prisión y obviamente multa.

RC: ¿Este problema está creciendo, está disminuyendo o sencillamente se está denunciando más y tolerando muchos menos que en épocas anteriores?

OM: Creo que más bien es eso, que se está denunciando, se está atendiendo y se está castigando de manera más severa.

RC: El caso que referíamos al principio se dio en un medio social de clase alta, lo que parece poco frecuente, pero en general, ¿el feminicidio se da más en cierto medio social o es genérico? ¿Se presenta en todos los medios sociales?

OM: Yo creo que desgraciadamente es genérico, se da en todos los medios sociales, aunque es más frecuente en el popular.


DE INSULTOS A LA MUERTE
 
RC: Amparo Sustaita Coy, los especialistas y estudiosos concluyen que es un proceso llegar al asesinato de una mujer y hacerlo en las condiciones en que el Código Penal establece, que son terribles; no comienza el día que el hombre mata a la mujer, sino que más bien ese asesinato es la culminación de un proceso.

SC: Sí, como bien dices tú, esto es un proceso, no se da de la noche a la mañana. Está comprobado que donde hay un proceso de violencia sus participantes tienen un problema de baja autoestima, lo que origina que la violencia vaya creciendo. La víctima es a la que maltratan, sin que ella ponga límites, por otro lado el victimario compensa su baja autoestima abusando y maltratando a esa persona. La mayoría de las personas que ejercen la violencia dentro del ámbito familiar es porque también ellos fueron abusados; llevan cargas emocionales que las traducen a sentimientos de rabia, impotencia y buscan seres mucho más pequeños que ellos o débiles para ejercer esa violencia. Cuando en la infancia un niño sufre el maltrato de sus padres, de maestros o de otros adultos o personas más fuertes o mayores que ellos, es muy probable que al llegar a la adultez pongan en práctica lo que ellos ya vivieron.

RC: ¿Un círculo vicioso y hasta generacional?

SC: SÍ, entonces esto lo que provoca es que se vaya desarrollando como una escalera de la violencia, la pareja al principio, comienza simplemente con silencios castigadores, porque le cayó mal algo que me dijo, después de eso siguen las palabras humillantes que te descuentan: no sirves para nada, eres un inútil, no sirves como mujer; de ahí siguen las cachetadas, las mordidas, las patadas, posteriormente se puede llegar a la violación, porque el hombre, que se siente superior, puede llegar a tener relaciones sexuales sin su consentimiento; eso ya es violación, pero puede seguir la golpiza brutal, que puede hacer que se llegue a un hospital por su gravedad y, finalmente, al asesinato.

RC: ¿De qué manera “colabora” la víctima en este proceso?

SC: La víctima se siente sometida y el agresor dominante, pero ambos han sido abusados durante su infancia o etapa temprana, humillados, despreciados o burlados. Estamos hablando que detrás del proceso de la violencia hay dos seres dañados. Esta parte no se trata mucho, porque ordinariamente se piensa que el agresor es el actor principal del proceso, pero vemos que en el proceso la víctima también está dañada y va soportando cada vez más formas de maltratos, de humillación y de violencia, lo va permitiendo y no hay un límite, de ahí que pueda terminar en el feminicidio.

RC: Evidentemente la violencia es progresiva.

SC: Esto no es de “hoy la mataron y ayer comenzó la violencia”, no, esto viene desde muy abajo; desde la baja autoestima que se dio en la familia y entonces aquí viene el punto del deber educar a nuestros hijos en el respeto, en los límites; si por ejemplo una niña es agredida por su hermano mayor y los padres lo permiten, ¿qué va a pasar con ese niño?; cuando crezca va a ser un agresor, una persona que no tiene control de la ira, y entonces la niña qué va a aprender de eso: que ella va a aguantar todo ese maltrato y se va a convertir en sumisa.

El problema más fuerte es que las mujeres vivan en un círculo de violencia que se vuelve permanente y se va agravando, del cual no pueden salir porque se sienten cada vez más devaluadas y degradadas. La violencia y la baja autoestima van creando un círculo de violencia que se vuelve constante. Primero existe el resentimiento; cuando yo me siento agredida por mi pareja guardo mucho resentimiento, mucha impotencia. Después viene la culpa: “a lo mejor yo fui muy dura con él, no debería haberle dicho eso”. Sigue la esperanza de que cambie: “ya me pidió perdón, me mandó flores, voy a darle otra oportunidad esperando que él cambie”. Luego llega la frustración y el enojo, porque te das cuenta de que no, que siguen las cosas igual. Por último vuelves al resentimiento otra vez, y así es como se genera este tipo de círculo de violencia.

RC: Licenciada Ortega, ¿en el Instituto Municipal de la Mujer, cuál es el patrón más frecuente que se encuentran en las mujeres que son víctimas de maltrato?

OM: La baja autoestima, siempre va a ser la baja autoestima, porque todo lo que el agresor les dice se lo van a creer, y la dependencia económica; creo que ésos son los dos principales factores: la baja autoestima y la dependencia económica, por eso muchas veces terminan regresando con sus agresores, porque se la empiezan a ver muy difícil y no hayan cómo salir, por eso es muy importante que cuando ponen una demanda de divorcio o de pensión alimenticia, vaya acompañado con un proceso de ayuda psicológica, porque una mujer que ha sido golpeada durante mucho tiempo necesita empoderarse, estar acompañada durante los procesos jurídicos, llevar un proceso psicológico.

RC: Creo que este aspecto que mencionas de la dependencia económica es muy importante, porque si la mujer está siendo humillada, maltratada y violentada pero no tiene una fuente propia de ingresos, entonces se cuestiona de qué van a vivir ella y sus hijos, más en medios sociales donde la mujer difícilmente tiene un trabajo formal y percibe un ingreso propio.

OM: La cultura también tiene mucho que ver, con eso de que “él es tu cruz”, “es tu marido”, “que va a decir la gente” y todas esas cosas.

RC: Amparo Sustaita, ¿cómo defines tú en términos precisos qué es la baja autoestima en una mujer y en un hombre?

SC: Mira, la autoestima es el valor que nosotros mismos nos damos como seres humanos. Si yo tengo una baja autoestima, me voy a desvalorar totalmente; no creo en mí y pongo mi valor en las demás personas, pero eso está equivocado, el valor debe de salir de ti, no del exterior; el valor primero que tenemos como seres humanos es porque somos hijos de Dios, si lo contemplas desde una espiritualidad, y moralmente el valor que tienes porque eres una persona única, un ser humano que es digno de amar y de ser amado, de ser respetado en todo sentido, y eso no tiene nada que ver con que seas profesionista, con la condición económica que tengas o la posición social; eso es para todo ser humano, lo que yo valgo, que me hace única y exclusiva.

RC: Licenciada Ortega, ¿qué puede y debe hacer una persona ante este problema?

OM: Primero que nada reconocerlo, reconocer que está siendo víctima de violencia y, lo antes posible, buscar ayuda profesional; puede acudir con nosotros, el Instituto Municipal de la Mujer, que estamos ubicados en la avenida Colón, frente al auditorio municipal, o acudir a alguno de los muchos centros de ayuda a la mujer que se maneja a través de la sociedad civil; nosotros también podemos ayudarles con su ubicación e información.

SC: Yo creo que algo muy importante es que cuando una mujer se siente en peligro lo primero que tiene que hacer es poner distancia, evitar recibir más violencia porque esto pone en riesgo su vida. Como dice Nancy, buscar lo antes posible ayuda, pero en tanto es atendida por profesionales, platicar con sus familiares y buscar alguna forma de protección en ellos para ella y para sus hijos.

RC: ¿Esperar a que el problema desaparezca de manera espontánea o disminuya cuando ya está establecido no es una buena opción?

OM: Definitivamente no, el problema, una vez que está establecido tiende a empeorar, no a disminuir y, por lo menos, será repetitivo; además hay que tomar en cuenta que se está causando un grave daño emocional a los hijos, que están presenciando la violencia, la humillación y el abuso, lo que les lleva al resentimiento y al repudio del agresor, que en este caso es el padre. 

RC: ¿El porcentaje de éxito con la ayuda jurídica y psicológica es alto para una mujer violentada?

OM: Sí, cuando la mujer persiste en su proceso, tanto legal como psicológico, sus posibilidades de éxito son muy altas, aunque viene toda una lucha interior y un proceso doloroso para la familia, pero si persiste se dan cambios increíbles, muchas veces impresionantes. Cuando no hay éxito es cuando recae y vuelve a ser dominada por su agresor o por lo que planteaba Amparo: la idea que después de años y años de maltrato el agresor cambiará así, sin ninguna ayuda y sin ningún proceso que modifique su problema de autoestima y de abuso.

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