ARTE CONTEMPORÁNEO mexicano y lagunero

Por: Lucila Navarrete Turrent

Hace unos meses, el crítico de arte Cuauhtémoc Medina decía en entrevista para Aristegui Noticias que el arte contemporáneo mexicano ha puesto su acento en el desconcierto, en “hacer productivo el desasosiego”, aproximarse al presente y, más recientemente como lo hace Teresa Margoles, realizar intervención social, rompiendo con la idea de que “el arte y el mundo ya no se sostienen en una noción universal”.

A pesar de las críticas que ha recibido la obra de Gabriel Orozco, es un referente que en los años noventa encabezó, en parte, el camino del arte mexicano de cara al siglo XXI. Haciendo uso del readymade, de la intervención geométrica de imágenes icónicas de la clutura occidental, y la elaboración de piezas a partir de desechos y lugares abandonados, Orozco logró romper con la tradición muralista, de enorme peso identitario en el país. En 1999 fundó y gestionó, al lado de Mónica Manzutto y José Kuri la prestigiosa galería Kurimanzutto en la Ciudad de México, sede en la que han desfilado y se han legitimado cuantiosos artistas mexicanos, como Damián Ortega, Abraham Cruzvillegas, Minerva Cuevas, Dr. Lakra, Carlos Amorales, entre muchos otros. El proyecto Kurimanzutto consolidó una concepción artística basada en modelos empresariales y en la supremacía de la obra de arte y del artista como marcas registardas.

Otros proyectos, como el de “Tepito Arte Acá” de los artistas Daniel Manriquem Francisco Zenteno, Daniel Bern y Armando Ramírez, el “SEMEFO” de Teresa Margolles, o “Mejor Vida Corp” de Minerva Cuevas, han formulado y proyectado el arte a partir de la invervención social en zonas populares y contextos afectados por la violencia. La discusión en torno a lo global y lo local, las relaciones norte-sur están en el centro del pensamiento de este tipo de proyectos artísticos que van más allá de la denuncia y del retrato de las condiciones de opresión, al intervenir y hacer partícipes a los actores sociales. El caso de “Tepito Arte Acá” significó un paso importante en la visibilización de la cotidianidad de barrios populares, cuando en 1973 Daniel Manrique organizó la exposición “Conozca México, visite Tepito” haciendo uso de la instalación, en aquel entonces una novedad. Un caso más reciente de intervención social es el de Minerva Cuevas, quien desde 1988, con el proyecto de beneficencia “Mejor Vida Corp.” reparte boletos de metro y de lotería, emite credenciales de estudiantes y cartas de recomendación para la obtención de empleos, todo ello en el marco de una empresa que tiene por objeto denunciar las desigualdades sociales y económicas.


Carlos Amorales y la Bienal de Venecia 2017

Uno de los artistas más emblemáticos de la actual escena del arte contemporáneo es Carlos Amorales, oriundo de la Ciudad de México y de raíces laguneras. En una charla que ofreció hace varios años en el marco de su exposición “Vivir por fuera de la casa de uno” en el Museo Amparo de Puebla, confesó que una de sus piezas más importantes, “Black cloud”, la imaginó durante una estancia de dos semanas en 2007 en Torreón, a donde viajó para despedirse de su abuela de origen lagunero. Esta pieza, que se basa en una polilla o mariposa negra reproducida en miles, retoma la idea del presagio de la muerte y la invasión de lo desconocido. Su característica es que cambia dependiendo del lugar en el que se exhibe, y ahora ha vuelto a colocarse en la más reciente exposición del artista en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), “Axiomas para la acción”, inaugurada el pasado 10 de febrero. Con más de 40 mil mariposas de papel en color negro Amorales ha cubierto de manera orgánica las paredes del museo, como si se tratase de una plaga. Lo interesante de esta emblemática pieza es que comenzó a recorrer el mundo desbordando las fronteras de la obra y la propiedad intelectual, llegando incluso a aparecer en los diseños de Christian Dior y Diane Furstenberg.

Junto a “Black cloud” se exhiben, entre otras, “Naturaleza negativa” (pinturas acrílicas con poderosos motivos fantasmales), “Aprende a joderte” (pinturas en papel con motivos medievales y a las que se les añade un lenguaje transgresor con carga sexual), el mediometraje “El no-me-mires” (un collage de representaciones actorales, plásticas, musicales y literarias que explora el estado de vigilia y de sueño como condiciones alternas) y “La vida en los pliegues” con la que participó recientemente en la Bienal de Arte en Venecia (2017). La historia de esta última surge de la inquietud por encriptar el lenguaje, como consecuencia de un proyecto de libro que le fue censurado al artista hace unos años en México. La pieza hace una intervención al pentagrama musical, creando nuevos códigos sonoros que se materializan en instrumentos musicales e imágenes.

Esta retrospectiva por sus 25 años de carrera sintetiza un proyecto artístico que excede la representación, explora los límites de la identidad y del lenguaje e inventa universos paralelos en los que están presentes elementos arquetípicos como el miedo, la persecusión, la vulnerabilidad y la identidad.


La Laguna y el arte contemporáneo joven 

La Laguna no es particularmente un lugar que preste oídos y sensibilidad a los nuevos lenguajes del arte. Pese a ello no ha dejado de ser semillero de escritores, cineastas, actores, dramaturgos y por supuesto, creadores que han ido emergiendo al escenario nacional e internacional en el arte contemporáneo. Algunos de ellos se han formado en la región, otros han tenido que migrar muy pronto, al verse forzados a explorar coordenadas que les permitan proyectarse y dialogar con otros artistas y públicos. Algunos de los laguneros que ya son referentes locales, nacionales e internacionales son José A. Jiménez, Elías Kury, Jesús Flores y María José Sesma.  

José Jiménez Ortiz nació en 1980 y estudió Sociología en la Universidad Autónoma de Coahuila, carrera en la que encontró las virtudes del arte y las posibilidades expresivas desde enfoques cartográficos y sociológicos. Se trata de un artista que ha logrado exponer en el Museo de Arte Carrillo Gil, en la VII Bienal del Mercosul en Brasil (2009) y ha obtenido becas en distintos programas de residencias en el extranjero. En 2014 expuso, en el MUCA Roma, “Algoritmos: Miedo y Cambio Social” en la que indagaba la noción de memoria y muerte en las redes sociales. A través de videoinstalaciones el artista digredía en torno a la extraña imposibilidad para desaparecer un perfil tras fallecer, así como los ecos que perpetúan una memoria social y personal a través del irrefrenable mundo digital. En 2016 expuso “Sinfonía para 100 motocicletas: un ensayo de antropología simétrica” en Casa del Lago de la UNAM, como parte del programa de residencia y producción artística de la Fundación Flora. En ésta mostró sus investigaciones realizadas en un pequeño poblado de Colombia, en el que la moticicleta constituye un objeto de socialización y construcción de la identidad local.

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1427063.abriran-un-dialogo-con-su-documental.html

Por su parte, Elías Kury es un artista que optó por desarrollar su carrera en Torreón; ha buscado espacios dentro y fuera de la ciudad para poder formarse y proyectarse. Sus referentes teóricos son Tania Bruguera y Pablo Helguera, quienes le han inspirado a concebir el arte desde la utilidad social y el compromiso en un contexto regido por el capital y la violencia. En este sentido, Elías Kury considera que es preferible “producir un arte social que esté provocando una revolución interna de ideas y de ahí proponer posibles factores de cambios en problemáticas sociales”. Por ello se desentiende del mercado del arte y del elitismo que lo cierra y lo aleja de su carga política y su capacidad para intervenir social y culturalmente.

Desde el 2012 emergió propiamente a la escena local con performance y arte-acción. En 2015 participó en un art-perfomance colectivo, en el marco del movimiento “Moreleando de vuelta al centro” en el que, al lado de otros artistas como Gustavo Montes, Claudia Castro, Ricardo Martínez y Samuel Kury, instaban a la sociedad a convivir con las y los inmigrantes centroamericanos en su paso por la Laguna. En el 2016 gestionó, junto a Rosario Varela, Erandi Rvizo, Alicia Marina, Alfredo Esparza y Vicky Castro, un foro de discusión sobre la belleza de las mujeres como factor para ascender en la escala social y laboral. Recientemente ha trabajado en el equipo del renombrado artista Abraham Cruzvillegas, y que el pasado 3 de febrero develó la pieza “Recostrucción” en el parque Fundidora de la ciudad de Monterrey. Del 15 de febrero al 1 de marzo estará presentando el proyecto individual “Capital Humano” en la Alianza Francesa de Torreón, en el que busca reflexionar sobre el desempleo y la precariedad laboral actuales. Su intervención consiste en una instalación y performance, la proyección de un documental y una conferencia con debate abierto.

Dos artistas más de Torreón, María José Sesma (1983) y Jesús Flores (1979), se han desempeñado sobre todo en la Ciudad de México. Trabajan en el mundo de la fotografía. Flores ha exhibido en China, España e Hungría. En la VII Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen expuso el álbum fotográfico “Coqueteando con el espejo” en el que interviene fotografías del perfil de facebook de la actriz Maribel Guardia cuestionando el carácter banal y desmedidamente público de los perfiles y sus respectivas imágenes. También se dedica al performance y a la poesía, adoptando otras identidades como “Nazario Valdés”, “Jesús Labrama” y “Sebastián Margot”, con las que desarrolló un proyecto del Fonca sobre la prostitución masculina y en la que él mismo salió a las calles a utilizar la cámara y experimentar en carne propia ser cliente y prostituto a la vez. Su trayectoria versa sobre la imagen y la escritura, con una fuerte carga de crítica social en la que él mismo es artista y sujeto de trabajo, de intervención y representación.

María José Sesma se formó en el Centro de la Imagen y en el programa educativo SOMA y en 17 Instituto de Estudios Críticos, por lo que la mayor parte de su trayectoria la ha hecho en la Ciudad de México. Ha centrado su trabajo en la fotografía y el video, analizando la conducta social y sus referentes. En la exposición “Los justos desconocidos” que se instaló en Cuarto de Máquinas en el 2015, desestabiliza las dinámicas domésticas, los roles de género y las jerarquías. Ha participado en la Bienal Nacional de Monterrey y ha sido becaria del FONCA, apoyo con el que desarrolló el proyecto “Todo en orden”, que profundiza en los sostenes ideológicos de las mujeres mexicanas conservadoras.

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