El rostro enfermo de la medicina

PORTADA #317

El sector médico, sujeto a un capitalismo salvaje con la complacencia del gobierno.

Por: Rosa María Hernández


Hubo un tiempo, no muy distante, en que la figura de los médicos era sacerdotal, reverenciada en todos los medios sociales, sin importar condición socioeconómica, pero hoy nuestro modelo capitalista ha sustituido la calidez y la calidad moral de quienes ejercían la ciencia médica por un mercado que se rige por la oferta y la demanda. Ese mercado, como todo en el capitalismo salvaje, está aquejado por vicios como el deterioro de la ética profesional y el lucro por encima de todo, lo que lleva cada vez con más frecuencia a la corrupción del gran negocio en torno a nuestra salud.

Si se parte de que la salud es el bien máximo de un ser humano, la situación actual del mercado de la medicina privada y el deterioro de las instituciones públicas de salud están generando un problema social delicado, donde sólo la clase alta y, en menor medida, la clase media alta, tienen acceso a un servicio exclusivo, sumamente costoso y cada vez menos accesible.

De acuerdo a la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) sólo un 7% de la población goza de un Seguro de Gastos Médicos, lo que confirma que únicamente la clase alta y parte de la media alta pueden pagar sus costos.

Si las instituciones públicas de salud, como el IMSS, el ISSSTE y el Seguro Popular enfrentan serias deficiencias de recursos económicos, de servicio y, durante las últimas dos décadas, en la calidad profesional y la ética de su personal médico y de apoyo, el sector privado, no obstante lo elevado de sus costos, tampoco es un modelo de calidad.

Las malas prácticas médicas, que se traducen en el agravamiento de enfermedades, los daños que se pueden generar al paciente e inclusive la muerte del mismo, han ido en un acelerado aumento, de acuerdo a los testimonios recabados, pero en México no existe una cultura de la denuncia y gran parte de la población tiene un bajo nivel educativo y cultural, lo que le pone en seria vulnerabilidad al momento de ponerse en manos de un médico, ya sea en el sector público o en el privado.

En países como España, que tiene menos de la mitad de la población de México, cada año se registra un promedio de 100 mil demandas por errores médicos, lo que equivale a 274 demandas diarias.

En México, donde los sistemas y servicios de salud son mucho más deficientes, la llamada Comisión de Arbitraje Médico (Conamed) registró en 2013 apenas 1775 procesos por denuncias de malas prácticas médicas.

Por cada cien quejas que se presentan ante esta comisión, sólo se emitieron dos fallos en contra de médicos denunciados.

De estas pocas denuncias, la Conamed logra que el 51% se arregle por medio de una conciliación; en el 26% no hubo un acuerdo y el resto abandona su demanda, ya sea porque considera que no encontrará ningún apoyo o por pérdida de confianza.

De los 1,775 procesos que fueron abiertos, 1,088 correspondían al IMSS, 319 al ISSSTE y 287 a servicios de tipo privado.

La gran mayoría de quienes acudieron a presentar una demanda por malas prácticas médicas son personas de bajos o escasos recursos económicos y se enfrenta a todo un aparato estatal o a una poderosa empresa privada, que tienen todos los recursos a su favor.

La Conamed, desde su misma creación, ha sido un organismo que busca resolver o canalizar las pocas demandas sobre malas prácticas médicas, pero muestra una inclinación que, en la opinión de los agraviados, tiende a proteger al gremio médico, más que actuar con rigor.

Ésta fue la experiencia de Francisco Martínez, derechohabiente del IMSS que interpuso una demanda: “Para uno es muy difícil denunciar a un médico, porque uno está en total desventaja debido a que no conoce nada de medicina. Cuando uno pide opiniones a otros médicos hay como una especie de pacto entre ellos: nadie te quiere dar una opinión, cuando fuimos a la comisión ellos te dan un dictamen, pero tenemos la impresión de que hay muchas maneras de manejar las cosas para justificar los errores o, ¿cómo le digo?, quitarles importancia. Debería haber manera de que existieran médicos que fueran realmente defensores de uno, por eso al final aceptas un acuerdo, pues que más te queda, pero el daño que hicieron ahí se queda”.

Los poquísimos pacientes que denuncian las malas prácticas médicas lo hacen cuando los casos son demasiado evidentes o por su enojo ante los mismos, pero el mercado de la medicina tiene una gran cantidad de prácticas que, sin ser errores técnicos, pueden ser seriamente deshonestas para el paciente y lucrativos para los médicos y las instituciones hospitalarias.


¿CÓMO MANIPULAR UNA ESPECIALIDAD MEDICA?

Un médico especialista puede recurrir a varias prácticas para hacer más dinero, lo que va desde la “administración de la consulta”, la realización de cirugías en las cuales existen alternativas diferentes, cobrar cantidades enormes por las mismas o, en no pocos casos, convertir su especialidad en un negocio.

La “administración” de la consulta se da cuando el médico especialista propicia que el número de consultas para atender un cierto padecimiento se multipliquen innecesariamente. Pudiendo ser una o dos, las alargan hasta el doble y cada una de ellas se cobra.

Los ejemplos son casi interminables. Un otorrinolaringólogo puede atender éticamente a su paciente, con el diagnóstico y el tratamiento que esto requiere, pero puede también inducir diagnósticos en los cuales se le plantea al paciente la necesidad de una cirugía que no es estrictamente necesaria, por la cual puede cobrar 30, 40 mil o más.

Pueden también entrar en el terreno de la cirugía estética de nariz. ¿Quién no ha escuchado esta frase?: “me operé la nariz porque tenía el tabique desviado”, lo que es una mentira en la casi totalidad de los casos.

El otro paso es cuando especialidades como la cirugía se ponen al servicio de modas banales pero muy riesgosas, como la llamada “cirugía plástica”. Entre los médicos cirujanos de este medio hay un lema que lo dice todo: “No hay parte del cuerpo que no tenga una solución”.

Una vez que una persona recurre a modificar por estética alguna parte de su cuerpo suele, en un alto porcentaje de los casos, convertirse en adicta y cada operación es muy costosa, lo que implica gastar capitales, todo ello en beneficio del cirujano, cuando el problema del paciente está relacionado con la autoimagen y requiere realmente ayuda psicológica.

Gloria tenía mucha grasa en el abdomen, debido a que siempre fue una mujer obesa, como consecuencia de su ansiedad, que traducía a malos hábitos de alimentación y sedentarismo.

En lugar de una dieta y de ejercicio, que a sus 40 años son una solución de lo más factible, se sujetó a una operación de “caballo”, como se les denomina en el argot común, un procedimiento quirúrgico sumamente impresionante y agresivo, además de costoso. Cinco años después era nuevamente obesa.

Eduardo, de apenas 40 años, comenzó a tener un sobrepeso importante debido a sus malos hábitos de alimentación y a su vida sedentaria como funcionario público que es. Acudió al médico, en este caso un cirujano gastroenterólogo, quien le persuadió de hacerse una operación costosa para colocarse una banda gástrica, procedimiento que se ha puesto de moda.

En apariencia Eduardo salió bien de la operación, pero pronto comenzó a tener complicaciones y comenzó a perder peso, hoy sufre delgadez extrema, como consecuencia de los problemas gastrointestinales que enfrenta y su salud se ha tornado delicada.

Javier, padre de familia de 41 años, se encontraba radicando en Japón con asuntos de trabajo. Con un problema importante de obesidad recurrió también a una operación de reducción de su estómago y se le presentaron complicaciones tan severas que le provocaron la muerte.

Ambos tenían otras alternativas para reducir su obesidad, más considerando su edad y su condición de hombres, además de no tener ningún tipo de padecimiento. Ninguno denunció, aunque Eduardo si presentó reclamaciones a su médico, pero la respuesta de fue que había una pequeña probabilidad de tener esas complicaciones y a él le toco, pero además había firmado un documento donde liberaba de responsabilidades al cirujano.


LOS MALOS DIAGNÓSTICOS

María Moreno, de 55 años y sin ningún antecedente de tipo coronario, comenzó a sufrir de arritmias, pero no les prestó mayor atención hasta que tuvo un fuerte mareo al momento de estar realizando las compras en el supermercado. Acudió a consulta con un internista y cardiólogo recomendado del Hospital Ángeles.

En la consulta el especialista escuchó sus malestares por unos breves minutos, enseguida le regañó y le preguntó por qué había esperado tanto tiempo para atenderse o qué estaba esperando, ¿sufrir una caída por los mareos y tener consecuencias de otro tipo?

Le tomó la presión arterial, indicándole que la tenía alta. Enseguida comenzó a llenar formatos por espacio de varios minutos y le entregó cinco órdenes de estudios, entre los cuales se encontraba un ecocardiograma, un perfil de lípidos y la colocación de un monitor holter por 24 horas.

Los cinco estudios tenían un costo de 37 mil pesos si se realizaban en el mismo Hospital Ángeles.
María se sentó unos minutos a platicar con su marido y llegaron a la conclusión que lo más sensato era acudir al cardiólogo de confianza de la familia, un especialista conocido que consulta en las inmediaciones del Sanatorio Español.

Esa misma tarde acudió a consulta. El cardiólogo la checó, le realizó un electrocardiograma y encontró que la presión arterial era normal, mientras que el electrocardiograma no reportaba ningún dato relevante. Enseguida le pregunto cómo estaba durmiendo y que cantidad de café ingería diariamente.

Ella le indicó que hacía unos meses estaba teniendo problemas con el sueño y tomaba de tres a cuatro tasas diarias de café. Él le indicó que suprimiera el café y le recetó por un tiempo un inductor del sueño. Le pidió que si las arritmias desaparecían, regresara en un mes a consulta; si no, lo hiciera en 10 días. Su trato fue muy cálido y tranquilizador, aportando información sobre el origen de las arritmias y algunos tipos de éstas, adelantándole que era muy probable que se debieran al problema del sueño y el exceso de café.

Las arritmias desaparecieron, al mes regresó para chequeo y el cardiólogo le indicó que continuara un mes más con los inductores del sueño, reduciendo la dosis. Las arritmias no han regresado y ha pasado ya un tiempo muy considerable. El único estudio que el médico de confianza sí le indicó fue el perfil de lípidos, pero arrojó valores normales.

Elías Dávila, padre de familia de 42 años de edad, trabaja para una importante empresa norteamericana de la región. Comenzó a experimentar fuertes dolores intestinales, algunos vómitos y se sentía sumamente estresado, con cuadros fuertes de ansiedad, un problema que enfrenta desde hace años. Acudió a la doctora de la empresa.

Después de explicar sus malestares, Elías le comentó a la galeana que su padre había muerto de cáncer de páncreas a una edad no muy avanzada. La doctora, después de checarlo, le diagnóstico que tenía un problema precisamente con el páncreas y le ordenó un estudio especializado de laboratorio, además de un perfil de lípidos.

Elías se practicó el estudio mientras sufría una crisis de ansiedad pensando en que podía tener el mismo padecimiento del que había muerto su padre, pero los valores que arrojó el estudio fueron completamente normales.

Regresó a consulta con la médica, quien lo volvió a checar e insistió en que podría haber un problema del páncreas y le ordenó un estudio de imagenología computarizada que es muy costoso. Elías regresó a consulta con los resultados y nuevamente estos eran normales, ante lo cual la doctora le indicó que era muy bueno porque así habían descartado cualquier problema en el páncreas.

El análisis de lípidos le arrojó un resultado de 229, algo casi normal en la opinión de los especialistas, que se resuelve mejorando la dieta y practicando regularmente algo de ejercicio, pero la médica le recetó medicamento para reducir el colesterol alto, lo que le fue contraindicado por el gastroenterólogo al que tuvo que acudir por recomendaciones de un pariente.

Elías padecía realmente de un cuadro de colitis y gastritis de origen nervioso, pero agudizado por una dieta cargada en grasas y picantes durante los festejos del fin de año. La recomendación del médico fue cuidar su dieta y buscar ayuda de un especialista para tratar su problema de ansiedad, además de tomar un tratamiento por espacio de un mes.

Un mal diagnóstico médico puede generarle muchos gastos injustificados a un paciente, pero puede también agravar su problema real de salud e inclusive llevarlo a la muerte, en los casos extremos, que desafortunadamente no son pocos.


MEDICINA DE LUJO: EN EL COSTO

El mercado de la medicina se ha vuelto cada vez más agresivo en sus costos durante los últimos años. En ello van involucrados varios actores: los médicos especialistas, los hospitales, los negocios de análisis médicos, las poderosas empresas farmacéuticas y las compañías aseguradoras.

Lo que está ocurriendo es verdaderamente atroz, pero las autoridades gubernamentales no hacen absolutamente nada al respecto, por lo que estamos ante una libre oferta y demanda salvaje, que se está saliendo de toda proporción.

La medicina de élite, que es tal en sus costos, no en su calidad, ha propiciado que los hospitales cobren una habitación a un precio mucho más alto que el de un hotel de lujo.

El Hospital Ángeles, una cadena nacional, cobra 3,546 pesos por una habitación estándar; 4,400 pesos por una junior suite y 5,649 pesos por una master suite. El Sanatorio Español, una edificación que ha sido remodelada pero data de hace más de un siglo, cobra 3,906 pesos la habitación estándar y 5,037 pesos la junior suite. En ambos casos se incluye la comida y el servicio de enfermería, pero ya se sabe que un enfermo come demasiado ligero.

Una operación de próstata, denominada como RTU en el argot médico, utilizando el procedimiento de laparoscopía, con sólo un día de estancia en el hospital, considerando la renta de equipo, el quirófano y la biopsia, tiene en el Sanatorio Español un costo de 65 mil pesos y, como “promoción” puede tener un descuento del 10 por ciento, pero a esto hay que agregar los honorarios médicos, que pueden ir de los 25 mil a los 35 mil pesos, o más en algunos casos, lo que implica un gasto al paciente de alrededor de 100 mil pesos.

Hay opciones intermedias, como el Hospital Centro Médico de la Mujer, donde los costos pueden reducirse hasta en un 30 por ciento, pero no por ello dejan de ser altos y están fuera del alcance de la mayor parte de la población.

Una operación de cervicales (parte alta de la columna vertebral) tiene un costo promedio de 350 mil pesos si se realiza en el Hospital Ángeles, pero puede descender en casi 100 mil pesos si se efectúa en el Centro Médico de la Mujer, aun así 350 mil pesos es una cantidad exorbitante para una familia de ingresos medios, ya no digamos bajos.

Si no se tiene con qué pagarse servicios médicos de lujo, no queda más que recurrir al IMSS con todo lo que ello implica en posibles deficiencias y mal servicio.

Don José Buelna y don Juan Barrios fueron intervenidos quirúrgicamente en clínicas del IMSS; el primero para una operación de coronarias, el segundo para colocarle un nuevo marcapasos. Ambos salieron exitosamente de sus operaciones y permanecieron en recuperación, pero ambos también contrajeron una bacteria que les provocó graves complicaciones y ambos murieron a consecuencia de ello. Dos hospitales de especialidades del IMSS incapaces de controlar la higiene de sus instalaciones.

Y el IMSS sí cuesta, y mucho, inclusive tal vez más que los servicios privados del mercado de medicina, pero está en manos de una burocracia gubernamental muy bien pagada y cada vez más incompetente. La pregunta es por qué un médico especialista es uno en su consulta del IMSS y otro en su consultorio privado.



MEDICAMENTOS Y SEGUROS

Los medicamentos subieron en el transcurso del último año, de 20 hasta 30 por ciento, sin que las autoridades gubernamentales hicieran algo al respecto, dejando que las poderosas trasnacionales y las filiales mexicanas continuaran con uno de los negocios más lucrativos que hay en el país. No es casual que lo que proliferen cada vez más en el mercado regional sean precisamente las farmacias.
En el mercado mexicano hay sales (sustancia básica para la elaboración de un determinado medicamento) que siguen sin ser liberadas para su libre producción, cuando tienen más de 30 años en el mercado y, se suponía, que deberían estar liberadas hace más de una década.

Los seguros de gastos médicos y las empresas aseguradoras que los venden, son uno de los negocios más obscenos que se han diseñado y operan en México sin ninguna contención.

Sus costos son cada vez más altos y han tenido en los últimos años incrementos que van del 20 hasta el 30 por ciento. Cotizan con base en el valor del dólar en el mercado, pero además incrementan los precios de la forma que desean y hacen cobros absurdos, como el llamado “derecho de póliza” y “recargos por pago fraccionado”, incremento adicional por cada quinquenio de vida que cumpla el asegurado, además de contar a su favor con el llamado “coaseguro” (10%) y el “deducible”, ambos cargos muy importantes en caso de una enfermedad o incidente médico.

Estos seguros tienen una base de cálculo de utilidades que se realiza con un cálculo actuarial. Una persona puede contratar un seguro de gastos médicos a los 30 años y durante los 30 años siguientes no tener ninguna enfermedad o incidente médico importante. Durante esos 30 años puede pagar, fácilmente y a costos reales, cerca de 3 millones de pesos, por lo que es un excelente negocio.

El problema es que cuando esa persona llega a los 60 años, actuarialmente el cálculo indica que aumenta considerablemente la posibilidad de que padezca alguna enfermedad, por lo que hay que “empujarlo” a salir del seguro con un incremento cada vez más agresivo de costos.

El mejor negocio es deshacerse de un cliente que comenzó joven a pagar su seguro y tiene 20 o 30 años haciéndolo, porque reporta ingresos extraordinariamente altos y una inversión sumamente baja, más si en caso de una enfermedad o incidente que no es de mayor gravedad se le cobra el “coaseguro” y el “deducible”.

En la mayoría de los países desarrollados las empresas aseguradoras están sujetas a una normatividad diferente, más justa. Por citar un ejemplo: el expresidente norteamericano Barak Obama eliminó el concepto de “enfermedad preexistente” a las aseguradoras, por el cual las empresas rechazaban o vendían carísimos los seguros a las personas que ya padecieran una enfermedad y compraran un seguro de gastos médicos mayores.

Como las farmacéuticas, las compañías aseguradoras hacen en México lo que a su voluntad conviene, sin que la autoridad gubernamental haga nada para regular sus excesos, mientras, paradójicamente, los médicos se quejan de la morosidad de las aseguradoras para pagar sus honorarios, aun cuando estos son manejados basándose en tablas o tarifas fijas.

También es una incongruencia que el gremio de la medicina es uno de los sectores profesionales que más ingresos obtiene, pero es uno de los más grandes evasores que existen.

De cada 10 pacientes que acuden a consulta médica privada, en promedio sólo 2 piden la factura correspondiente y, en el caso de las intervenciones quirúrgicas, si no se emplea un seguro de gastos médicos mayores, la proporción de quienes piden una factura es casi semejante, no importando que se trate de cantidades muy grandes.

La cirugía es una de las actividades profesionales más rentables que existen en México, en gran medida por la evasión de impuestos y la forma en que trata los gastos farmacéuticos, honorarios médicos y hospitalización nuestro régimen fiscal.


"Anatomía del corazón".  Enrique Simonet, 1890


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