JUBILARSE NO SABIENDO

Por: Marcela Valles

Gran parte de las personas que se jubilan no tienen un proyecto realista de lo que harán con el resto de sus vidas. Esta ausencia de un proyecto puede originar fuertes contratiempos y ponerlas en una situación donde su calidad de vida no sólo no mejora, sino que puede empeorar con respecto a la que llevaban cuando eran activos laboralmente. Cuestiones como el llamado “nido vacío”, el exceso de ociosidad, los contratiempos de salud por el desgaste natural de la edad, la falta de recursos económicos suficientes y la ausencia de una cierta formación cultural son algunos de los nubarrones que pueden oscurecer lo que es, en sentido riguroso, la tarde de la vida.


A los sesenta y cinco, sesenta o aún menos años, después de haber trabajado por 30 o 40, muchos, la mayoría, de las personas jubiladas esperan encontrarse con una nueva vida, donde les aguarda el descanso, interminables viajes, tiempo sobradísimo para hacer lo que les venga en gana o, sencillamente, no hacer nada y quedarse en pijama todo el día.

Hay quienes pertenecen a sindicatos privilegiados, como el de las dependencias e instituciones gubernamentales, y consideran que la jubilación será un poco menos que el ingreso al paraíso terrenal.

La realidad siempre es una agorera de los inconvenientes y de los claroscuros, mostrando que las cosas pueden ser muy distintas.


NO ES LO QUE PENSABA

Margarita es una maestra de educación básica que se jubiló a los 55 años, con la máxima categoría en carrera magisterial, lo que le permitió una jubilación que le da alrededor de 18 mil pesos mensuales, un ingreso alto para el promedio con que se jubilan la mayoría de los maestros de educación básica.
Divorciada, con sus tres hijos casados y viviendo ya de forma independiente, pensó que gran parte de su tiempo lo dedicaría a viajar para ir a muchos lugares de México que jamás había visitado y, de ser posible, viajar por el extranjero.

El primer año efectivamente pudo viajar, pero pronto se encontró con tres situaciones que no había contemplado: viajar cuesta mucho, aunque se viaje cuidando los gastos; se dio cuenta que su casa era un “nido vacío”, esto es que sus hijos ya se han ido y sólo le llamarán o la visitarán ocasionalmente, algo que no había vivido plenamente porque tenía dos plazas y se la pasaba trabajando la mayor parte del día y, además, descubrió que no tiene ninguna afición importante, ni tan siquiera la práctica de algún deporte, la lectura, la música, algo a lo cual dedicar la gran cantidad de tiempo de la que dispone.

Para el segundo año comenzó a enfrentar problemas de ansiedad por el exceso de ocio y por la soledad, lo que le llevó a enfrascarse en relaciones sentimentales fallidas: la primera de ellas tormentosa, por ser un hombre mucho más joven que ella; la segunda le dejó metida en serios problemas económicos, cuando fue involucrada por la pareja en un negocio aventurado.

Hoy tiene que estar pagando un crédito muy fuerte que solicitó, lo que le quita buena parte de su pensión; ingresó a un grupo de ALANON, que está pensando para familiares de personas con problemas de adicciones, donde trató de lidiar con su ansiedad y de paso socializar.

La jubilación está muy distante de lo que originalmente imaginaba, aunque tiene la gran ventaja de gozar de una buena salud, en parte por su temprana jubilación, pues tiene 58 años de edad y un saludable historial familiar.


SIN NADA QUÉ HACER

Eduardo fue empleado de TELMEX y se jubiló a los 60 años de edad con un ingreso de 20 mil pesos mensuales, pero próximamente comenzará a gozar de un ingreso adicional que rondará los 15 mil pesos por parte del IMSS. Es de ese tipo de jubilados que gozan de ese privilegio en un país donde la mayoría recibe pensiones raquíticas.

Es ingeniero de profesión. Sólo tuvo dos hijos, que radican en Estados Unidos. Es divorciado, por lo que tiene que compartir parte de su pensión con la exesposa que, aunque tenga ya otra relación, ha tenido el buen cuidado de no casarse para no perderla.

Al entrar en su nueva condición de jubilado se sentía contento, se levantaba a la hora que se aburría de estar en la cama, se iba a caminar al Bosque Venustiano Carranza, desayunaba tarde, leía el periódico, veía películas en la televisión y por la tarde algunos días tomaba café con dos amigos.
Mantiene una relación de pareja, pero ella es más joven, sigue trabajando y tiene sus propios hijos, a los cuales les dedica el tiempo que le sobra, aun cuando ya sean casados e independientes.

Eduardo pronto se dio cuenta de que el tiempo le comenzaba a sobrar y no tenía en qué ocuparlo; el aburrimiento comenzó a aparecer y además descubrió que su actual relación de pareja nunca había sido buena, es realmente una relación de conveniencia económica mutua y rutinaria.

Decidió comenzar a visitar a sus hijos, pero si en la primera visita, que se prologaba hasta por un mes, se dio cuenta de que los hijos y sus familias no tenían tiempo para él por el tren de vida que llevan en sus trabajos y su vida, ya para la segunda visita era evidente que se convertía en un estorbo, por lo que dedicaba casi todo su tiempo en vagar por centros comerciales, parques y plazas, para luego tumbarse en un sillón a ver lo que podía en la televisión, porque no domina el idioma inglés.
Fue otro tiempo de días largos y aburrimiento, de cuatro y hasta cinco horas frente a la televisión viendo series y películas. Tanto ocio comenzó a quitarle el sueño y a prologar sus noches en vela, mientras su pareja, agotada por la jornada diaria, roncaba con placidez.

En esas noches largas Eduardo imaginaba qué hacer; ya había pintado la casa, ya había reparado todo lo reparable en ella; viajar solo no le atraía y además se sentía incómodo, pero aun así ese verano lo dedicó a visitar a algunos parientes que radican en otras ciudades del país.

Para complicar su situación, comenzó a tener algunas molestias físicas y el chequeo médico arrojó que su próstata estaba demasiado crecida; la recomendación era operarse, pero además, debido a las prolongadas caminatas para matar todo el tiempo posible, le diagnosticaron un problema de desgaste en la parte baja de su columna, lo que le comenzó a generar malestares.

La jubilación estaba muy distante de lo que había imaginado y las cosas parecían ir a peor. Nunca se dio el tiempo para planear algún proyecto.

Para su fortuna, la situación dio un giro, cuando uno de los amigos del café le comentó que una empresa de televisión de paga estaba buscando a una persona para trabajo de medio tiempo y él, por su formación y experiencia, daba el perfil, con la ventaja adicional de que trabajaría como alguien externo, debido a su condición de jubilado.

La rutina cambió radicalmente cuando toda su mañana se vio de nuevo ocupada. Cambió su estado anímico, volvió a sentirse útil y motivado. No sabe cuánto tiempo durará ese trabajo, pero en sus tres años como jubilado comprendió que no estaba preparado para ello.


EL PIANO EN LA COCINA

La jubilación puede tener problemas cuando es el hombre casado quien se jubila sin tener un proyecto para ello, debido a que su pareja tiene organizada su vida y, de pronto, se encuentra con que tiene al marido casi todo el día en casa o, lo que es más difícil todavía, él comienza a exigirle demasiado tiempo y ella se ve presionada a cambiar sus actividades y relaciones que ha construido durante muchos años de su vida.

Sucede entonces lo que el adagio: nada hay más incómodo que tener un piano de cola en la cocina.
Después de los cincuenta, la mayoría de las mujeres que han sido amas de casa van organizando su vida repartiéndola entre los quehaceres del hogar, la relación con los hijos ya casados y la atención de un círculo de amistades que les permite realizar una serie de actividades, principalmente la convivencia en torno a una actividad recreativa o de asistencia. Tener de pronto al marido demandándoles todo el tiempo les rompe su organización de vida.

Aun si la relación de pareja es buena, la mujer muy difícilmente renunciará a su espacio para dedicárselo a alguien que no tiene mucho qué hacer. Si la relación de pareja no es buena, puede surgir un conflicto muy importante o, más bien, agravarse un conflicto que ya existía.


HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE

Todos los casos y situaciones mencionados anteriormente se refieren a personas que obtienen una jubilación para mantener un nivel de ingreso digno o desahogado para llevar una vida decorosa, que ordinariamente es de clase media. La desgracia de México es que la mayor parte de sus empleados y trabajadores reciben jubilaciones muy bajas, con las cuales es imposible irse al retiro laboral y vivir dignamente.

En un porcentaje no muy alto, tanto el hombre como la pareja se jubilan y combinando ambos ingresos pueden hacerse vivir, considerando que ya no tienen hijos que mantener y han logrado tener casa propia y bienes básicos, además de moderar su consumo, como tener un solo automóvil compacto y, en general, eliminar todo aquello que no sea necesario sin llegar a deteriorar su calidad de vida.

Las bajas jubilaciones se dan inclusive en profesiones como las de maestro de educación básica, si no se hizo carrera magisterial, pero en general, tomando en cuenta que se jubilan con la ley anterior a 1997, año en que se crearon las llamadas Afores, las jubilaciones pueden ser muy bajas.

Durante su vida laboral un empleado o trabajador puede tener un sueldo de entre 8 mil o 9 mil pesos mensuales, inclusive 10 mil, más prestaciones, pero las empresas suelen tener registrados a los trabajadores con ingresos más bajos, por lo cual al momento del retiro la jubilación es mucho más baja, pudiendo ser hasta de la mitad del sueldo que percibían.

Ramiro, empleado de una empresa comercial de la ciudad, tiene 67 años de edad y sigue laborando, aunque ya desearía jubilarse, pero él mismo expone su situación:

“Tengo trabajando 48 años, con el sueldo que tengo ahorita me alcanza a mi mujer y a mí para irla llevando, pero si me jubilo, me tocan un poco más de cinco mil pesos, como la mitad de lo que gano, porque ése es el promedio que me sacaron cuando cumplí los 65 y me iba a jubilar; entonces le pedí al patrón que me diera chance de seguir en mi cargo hasta que él considere que todavía estoy en facultades y, gracias a Dios, yo me siento bien, pero yo calculo que cumpliendo los 70 me van a retirar. Además de la casa donde vivo, que es su casa, tengo otra casita que ya pagué y pos la voy a tener que vender, no va a haber de otra.”

Manuel es otro caso de lo más común. Al cumplir los 60 metió su trámite de jubilación y le tocó un 75 por ciento, que se va a ir incrementando hasta alcanzar el 100 por ciento a los 65 años, pero le tocaron tan solo 3 mil 500 pesos mensuales, después de 41 años de trabajo, los cuales cotizó con diferentes sueldos, pero la mayor parte del tiempo estuvo registrado con dos o tres salarios mínimos ante el IMSS.

Él tiene claro que va a trabajar mientras sus condiciones físicas se lo permitan. Goza de buen estado de salud y llegó con la empresa al acuerdo de seguir trabajando, con su mismo sueldo pero ya sin prestaciones, salvo una compensación de fin de año.

Al añadir la jubilación a su sueldo hoy gana más, pero está obligado a iniciar un ahorro personal para su retiro; su problema es que nunca ha tenido el hábito del ahorro y piensa trabajar mientras le sea posible. Es parte de millones de mexicanos que ya están en la tercera edad, pero nunca han pensado en el retiro.

“Para gente como uno lo que lo retira es la vida, las facultades físicas, mientras hay que darle hasta que el cuerpo aguante. A lo mejor yo tengo la ventaja de que mi trabajo me gusta y nunca me he imaginado estar todo el día sin hacer nada, ni modo que me vaya a sentar a la plaza como muchos viejitos que hasta los tienen que llevar los parientes”, comenta con buen humor, pero enseguida añade que no quiere pensar mucho en el retiro porque se preocuparía.

De acuerdo a las últimas cifras del INEGI, en México casi un 30 por ciento de las personas que trabajan, ya sea en la economía formal o informal, pertenecen a la tercera edad y no tienen condiciones para retirarse, ya sea por la pensión mínima que recibirían o porque no están dentro de ningún sistema de retiro.

Es gente que trabaja toda su vida y sólo deja de hacerlo cuando alguna enfermedad se lo impide. Lo más delicado es que lejos de disminuir este porcentaje, podría ir aumentando en los próximos años.
El sistema de Afores, lejos de resolver el problema, de fondo parece haberlo empeorado y los especialistas prevén que hará crisis a más tardar en una década.

En un país como México, una buena jubilación es un privilegio reservado sólo a una parte de sus habitantes que han cumplido 60 o 65 años de edad, pero, lo paradójico, es que un alto porcentaje de estos jubilados no tienen un proyecto para disfrutar de tal privilegio y, en consecuencia, de la última parte de su vida después de haber trabajado la mayor parte de ella.   

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