Libertad y realidad sexual femenina

Por: Grisel López Manzanares

En la edición anterior se abordó la temática general sobre cómo la población joven lagunera lleva su vida sexual y el delicado estado de salud bajo el cual se encuentra Torreón, con 373 casos de VIH. Dentro de dicha investigación se arrojaron datos cualitativos que señalaban que “las mujeres tienen relaciones sexuales cuando quieren y los hombres cuando pueden”. Esto, de ser verdad, ¿a partir de qué generación comenzó a serlo? ¿Por qué en la actualidad existen matrimonios en los cuales se tiene actividad sexual cada que el hombre la demande? Y la más importante, ¿sabe una mujer cómo vivir plenamente su sexualidad de forma segura?

Aunque la sexualidad puede ser un tema en extremo individual, existe también, un grado de experiencia colectiva.

Se entrevistó a la antropóloga cultural Ana Victoria Laguna (de 29 años de edad) y a la terapeuta y sanadora Ángela Spall (de 42 años) para abordar, desde una perspectiva cultural, los cambios que se han vivido respecto al tema en las últimas tres generaciones.


LIBERTAD

“La mujer” como constructo social está sometida a una serie de normas y reglas que debe cumplir para gozar con el visto bueno de la sociedad. La libertad, por lo tanto está sujeta a esas reglas, mientras no se comprenda que las mujeres somos tan diversas como las posibilidades humanas. La libertad sexual irá de la mano de la libertad para existir fuera de los paradigmas.

La libertad sexual involucra aspectos que nacen desde la religión, hasta la política. Aquí se compenetra con el derecho a la expresión, el poder alzar la voz cuando algo no nos parece correcto y sancionar mediante la ley cuando se transgrede nuestra privacidad y cuerpo.

En México (y en todo el mundo), las mujeres comenzaron a hacerse escuchar, a marcar límites cuando una persona ajena violenta su privacidad, así fuese verbalmente, haciendo de esto un gran paso dentro de la libertad sexual, aunque gran parte de la población lo viese como “exageraciones”.
Ángela explica el contraste existente entre Australia y México:

“Lo que Australia ha estado haciendo por 50 años en cuanto a revolución sexual en la mujer, México lo está haciendo en cinco, van avanzando a pasos de gigantes porque, gracias al internet y las redes sociales, tienen mucho de dónde obtener información y aprender de forma más rápida de otras culturas. Ahora, ¿pienso que esta batalla se resolverá durante este centenario?, lo dudo mucho.
México es un lugar donde las costumbres culturales se mantienen arraigadas y este despertar sexual se está viviendo en un sector de la población media-alta; falta mucho por hacer. He tratado a muchas mujeres que no son conscientes de que su esposo las está violentando: tener relaciones sexuales aunque no lo deseen; no se les ha enseñado que está bien decir «no, no quiero», así sea su marido, novio... aunque haya comenzado ya el acto sexual y caer en cuenta de que prefiere no hacerlo. Está bien decir «no, no estamos para servirle al hombre».”

Por su parte, la antropóloga cultural Ana Victoria Laguna comenta:
“Mi sexualidad la podría describir como algo muy personal, algo muy mío que decido compartir con alguien más. El vivir así mi sexualidad es un privilegio tanto de clase, como de educación. El hecho de poderme parar y decir «es algo mío», es algo que he estudiado, he aprendido, lo he visto… pero en ningún momento fue algo que mi mamá me dijera «mijita, tú puedes hacer lo que quieras…». Es algo que he ido trabajando a partir de mi educación, a partir de estos nuevos estímulos. Llegas a la universidad, empiezas a conocer y cuestionarte cosas que normalmente no porque tienes un círculo familiar que no se cuestiona. Eso sigue siendo muy mexicano; sí debe de haber familias abiertas al tema, pero normalmente en una familia tradicional mexicana no se habla de esas cosas, no se habla de un despertar. No te van a decir que el sexo es para disfrutarlo, tal vez algún día tu mamá te dé alguna plática y tú probablemente ni quieras escuchar.”


REALIDAD

En México existe desigualdad en cómo hombres y mujeres viven su sexualidad, una dicotomía un tanto absurda. El hombre sí tiene, social y culturalmente, un poder más fuerte en cuanto a decisión, en cuanto a elección, pero al mismo tiempo también hay una parte de obligación. Una mujer que no es sexual, no es tan mal vista como un hombre que no es sexual. Se genera burla entorno a este individuo e inclusive los argumentos llegan a ser tan obsoletos como decirle que su virginidad o ausencia de vida sexual se debe a una supuesta homosexualidad. En contra parte, una mujer que es muy sexual es mal vista y un hombre que es muy sexual no; la diferencia es que a la mujer no se le hace burla por esto, se le critica.

Tanto hombres como mujeres vivimos una “libertad” dentro de nuestra sexualidad establecida.  No se puede salir de ese cubo que se tiene como posibilidad para explorar; podemos experimentar dentro del cubo, pero en el momento en el que uno sale, pierde toda su libertad sexual. Pareciese que, aunque la misma sociedad te pide un cambio, no puede permitirte tanto, puesto que necesita vivir en un balance.


¿QUÉ LO CONDICIONA?

Existen variantes que condicionan las formas en las que nos desenvolvemos en nuestro entorno: la religión, por ejemplo, que aporta temas como la castidad, rigió (y lo sigue haciendo, aunque en menor porcentaje) las conductas de muchas jóvenes. ¿En qué momento pasó de ser una joven obediente a convertirse en una esposa sumisa?

El acceso a información nos puede llevar a la ruptura con los cánones religiosos y políticos que se dio después de los ochentas. Cuando la mujer comienza a entrar en ámbitos fuera de lo normal, transgrede el hogar, se empieza a crear este tipo de libertad, pero esto es accesible sólo para un sector social.

Los tabúes y “vergüenzas” que se inculcan desde la infancia y se refuerzan en la adolescencia, terminan detonando sus consecuencias en la “adultez”.

La sexualidad se ha abordado como tema de reproducción en las mujeres, no de placer:
“En las escuelas o en la familia, el sexo existe pero no se habla, a menos que se tenga que hablar de bebés; la única forma en la que se habla sobre la sexualidad, es cuando se habla de reproducción. O, antes, en espacios muy específicos como en una despedida de soltera, donde las mujeres podían hablar y reírse de eso, sin embargo hoy en día ya se habla más. Inclusive yo trato de hablar más con mi mamá, aunque se saca de onda. Pero sí se puede apreciar un cambio grande en el sector en el que vivimos. Hay mucha más apertura al hablar de libertades sexuales y realidades sexuales, pero no hay que perder de vista que a pesar de eso seguimos viviendo en una sociedad machista.” (Ana Victoria Laguna)

La sexualidad es algo primordial del ser, y el hecho de llegar a los límites de su entendimiento propio significa conocerse en un nivel más profundo.

“A pesar de que se está viviendo una revolución sexual, no estamos listos para saber cómo manejarla. Al principio te das una libertad y después viene… no remordimiento, sino una consciencia de lo hecho, en el que te terminas aislando. Alguien con quien sólo saliste y tomaste un café y no quisiste volver a ver, no irrumpe en tu espacio, pero si hubo un acto sexual y nada más querías eso, y tú estás con alguien más, no vas a llegar a un espacio donde sabes que estará porque aún tenemos esa idea de apropiación. Dentro de nuestro psique sigue existiendo esa apropiación de las personas.”

Nos hemos desarrollado en una sociedad que notoriamente está pidiendo un cambio, aunque esta revolución se esté viviendo en un sector determinado, eventualmente se puede llevar a los demás. No se busca romper con la religión o con la cultura, es comprender lo primordial e importante que es conocernos.

Ejercer nuestra sexualidad libremente no significa adentrarse a aspectos extremistas, sólo se trata de conocer nuestros límites, saber cuál es nuestro punto y decir “aquí ya no me gusta”, parar con situaciones que refuerzan conductas machistas tanto en hombres como en mujeres, pues el machismo no sólo nace de ellos.

Exploremos dentro de nuestros límites, veamos dónde está esa línea, concienticémosla y vayamos hacia ella; si nos da miedo, tenemos el completo derecho y libertad de regresar; si una se siente dispuesta y preparada para empujar esa línea, también puede ir más allá.

Pero, nosotras regimos nuestro cuerpo, no somos una máquina diseñada sólo para la reproducción.

Comentarios

Entradas populares