Partidos políticos y cómo transar con la corrupción magisterial

Por: Álvaro González

Es muy razonable el cuestionar que una parte de la llamada Reforma Educativa que implementó el gobierno de Enrique Peña Nieto fue elaborada por tecnócratas que jamás han tomado un gis y un borrador; en consecuencia se aparta de la problemática real del sistema educativo, pero también es indiscutible que al sistema educativo básico del país le urge un cambio de fondo, que en parte sí aborda esa reforma, la cual puede ser mejorada por un nuevo gobierno, no echada a la basura, como pretende Andrés Manuel López Obrador.

Lo delicado es que el problema del sistema educativo oficial del país es político. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE, ha sido por décadas un brazo político primero de los gobiernos priistas y después de los panistas.

La corrupción comienza con una cúpula sindical que es una mafia, en el sentido estricto del término, la cual maneja un poder enorme y miles de millones de pesos de manera discrecional, ya sea que provengan de las cuotas de los maestros o de los subsidios directos que les entrega el gobierno federal.

Esta corrupción se extiende necesariamente a los estados, donde las secciones sindicales transan políticamente y obtienen canonjías adicionales.

En casos como los de Oaxaca, la corrupción tradicional, que se limitaba al gremio magisterial y en consecuencia al sistema educativo, se desborda y se convierte en un grupo político radical que ejerce un poder paralelo al del estado, creando un ambiente político desastroso y desquiciando muchas veces la vida social y política de ese estado, uno de los más pobres y poblados del país.

Hasta ahora la quintaesencia de la corrupción sindical ha sido Elba Esther Gordillo, un personaje turbio, mafioso, que fue cobrando cada vez más poder y alcanza su clímax en los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón, cuando, a cambio del apoyo político, le dejan hacer de todo y le convierten en uno de los líderes sindicales más corruptos que se registran en la historia política del país.

Por pactar con el PAN y porque era imposible implementar la Reforma Política con un liderazgo magisterial de tales características, Enrique Peña Nieto la mete a la cárcel, acusándola de una parte de sus muchos y graves delitos.

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales, el mismo Peña Nieto decide que se le otorgue el privilegio de la prisión domiciliaria, enviándola a su departamento de lujo en la ciudad de México, para lo cual los abogados disfrazan el hecho bajo los argumentos de ser una persona de edad muy avanzada y además de tener varios padecimientos físicos.

Apenas instalada en su departamento de lujo, Elba Esther comenzó a despachar como si estuviera en sus oficinas del sindicato, cuando sigue siendo un reo que debe estar bajo ciertas condiciones restringidas y bajo vigilancia.

Parece una torpeza absurda el sacar de la cárcel a un personaje de semejantes características y no aislarlo de su entorno, limitando su convivencia a sus parientes más cercanos y bajo una vigilancia electrónica, que hoy facilita tanto las cosas.

En cosa de semanas Elba Esther ha comenzado a agitar el medio sindical del SNTE y en consecuencia al medio magisterial, que abarca casi dos millones de empleados, al mismo tiempo que Andrés Manuel López Obrador hace lo propio organizando “brigadas” magisteriales “para la defensa del voto” y declara, sin sutileza alguna, que echará abajo la Reforma Educativa y le dará cobijo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el brazo más podrido del sindicalismo magisterial.

El pragmatismo del tabasqueño es rampante y ello se le cuestiona con bastante razón. Ya declaró que traerá de vuelta a México a Napoleón Gómez Urrutia, el líder del sindicato del sector minero y metalúrgico, quien lleva muchos años exiliado en Canadá, sustrayéndose a la justicia mexicana, pero, por ese surrealismo que sólo se da en México, sigue siendo el líder nacional de un sindicato tan poderoso y estratégico.

De un personaje tan oscuro y perverso como lo es Elba Esther Gordillo es de lo más lógico que si le dan las condiciones y los medios trate de vengarse de Peña Nieto, y lo hará en el priismo, brindándole todo el apoyo a Morena, como en su momento lo hizo con Felipe Calderón y el PAN.

Lo más importante no es la torpeza de la PGR; ésa ya parece un hábito o un modus operandi, sino el hecho de que Andrés Manuel López Obrador este conviniendo con todos los intereses más desviados del magisterio oficial, lo que le obligaría, como gobierno, a respetar todas las canonjías y los intereses creados, lo cual es el peor de los escenarios posibles para la educación pública del país.

Los últimos indicadores sobre el nivel de rendimiento de los estudiantes mexicanos de educación básica y media muestran que sigue siendo de los más bajos entre los países emergentes, lo que es desalentador y comprueba, con datos duros, que uno de los grandes retos de los próximos gobiernos es mejorar la calidad de la educación.

No hay proyecto de cambio en un sistema de educación que pueda planificarse a corto plazo; por la naturaleza misma de la educación, un proyecto de cambio en este sector arroja resultados a mediano plazo.

Si el próximo gobierno no comienza bien, tendremos otra década perdida, lo que nos colocaría en una situación crítica, si se toma en cuenta el ritmo vertiginoso con el que se están dando los cambios a nivel internacional.

Si el PRI creó el monstruo y el PAN lo alimentó para no enfrentarse políticamente a un cambio y por irresponsabilidad, un gobierno de alternancia de izquierda no puede estar transando con él en plenas elecciones, donde se establecen los compromisos que orientarán las políticas de un posible nuevo gobierno.



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