Artistas e intelectuales contra el puritanismo sexual: Time's up y #metoo

Fuente: Agencias

En Hollywood el movimiento Time´s Up (se acabó el tiempo), conocido ahora en las redes sociales como #MeToo (yo también), apoyado por más de 300 actrices y hoy difundido a muchos países del mundo con miles de afiliadas, logró teñir de negro la ceremonia de los Globos de Oro en protesta contra las agresiones sexuales.



En Francia, un colectivo formado por un centenar de artistas e intelectuales tomó a principios de enero la dirección contraria al firmar un manifiesto opuesto al clima de “puritanismo” sexual que ha desatado el caso de Harvey Weinstein, un poderoso y reconocido productor cinematográfico acusado de ser un predador sexual por decenas de actrices que lo han denunciado, aunque Weinstein no ha sido sujeto a un proceso judicial donde algún juez le haya declarado culpable de algún cargo criminal, pero esto no ha evitado que su poderosa empresa, una de las más grandes del mundo del cine a nivel mundial, se haya ido ya a la ruina.

El manifiesto (aquí en español), publicado en el diario francés Le Monde, fue firmado por reconocidas personalidades de la cultura francesa, como la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfed, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedman y la ilustradora Stéphanie Blake.

“La violación es un crimen. Pero la seducción insistente y torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”, afirman las autoras de este manifiesto. “Desde el caso Weinstein se ha producido una toma de conciencia sobre la violencia sexual ejercida contra las mujeres, especialmente en el marco profesional, donde ciertos hombres abusan de su poder. Eso era necesario. Pero esta liberación de las palabras se transforma en lo contrario: se nos ordena hablar como es debido y callarnos lo que moleste, y quienes se niegan a plegarse ante esas órdenes son vistas como traidoras y cómplices”, defienden las firmantes, que lamentan que se haya convertido a las mujeres en “pobres indefensas bajo el control de demonios falócratas”.

Entre las impulsoras del manifiesto se hallan personalidades que ya habían expresado opiniones opuestas a este movimiento, cuando no abiertamente contrarias a ciertas luchas del feminismo. Por ejemplo la filósofa Peggy Sastre, autora de un ensayo titulado La dominación masculina no existe, o la escritora Abnousse Shalmani, que en septiembre pasado firmó una columna donde describía el feminismo como un nuevo totalitarismo. “El feminismo se ha convertido en un stalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena”, dijo en el semanario Marianne.

Por su parte, la periodista Élisabeth Lévy ha tildado de “infecto” el movimiento iniciado por etiquetas como #MeToo o #balancetonporc (“denuncia a tu cerdo”). En un registro más moderado, Deneuve también se opuso a este fenómeno a finales de octubre. “No creo que sea la forma más adecuada de cambiar las cosas. ¿Después qué vendrá? ¿´Denuncia a tu puta´? Son términos muy excesivos, y sobre todo creo que no resuelven el problema”, declaró entonces. También Millet, crítica de arte y autora del relato autobiográfico La vida sexual de Catherine M., se ha opuesto repetidamente a un feminismo “exacerbado y agresivo”.

Las firmantes aseguran que las denuncias registradas en las redes sociales se asimilan a “una campaña de delaciones y acusaciones públicas hacia individuos a los que no se deja la posibilidad de responder o de defenderse”.

“Esta justicia expeditiva ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su oficio, obligados a dimitir […] por haber tocado una rodilla, intentado dar un beso, hablado de cosas íntimas en una cena profesional o enviado mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no sentía una atracción recíproca”, dicen en la tribuna. También advierten el regreso de una moral victoriana oculta bajo “esta fiebre de enviar a los cerdos al matadero”, que no beneficia la emancipación de las mujeres, sino que estaría al servicio “de los intereses de los enemigos de la libertad sexual, como los extremistas religiosos”.


EFECTOS EN LA CULTURA

El manifiesto alerta también sobre las repercusiones que este nuevo clima podría tener en la producción cultural. “Algunos productores nos han pedido […] que hagamos a nuestros personajes masculinos menos ´sexistas´, que hablemos de sexualidad y amor con menos desmesura o que convirtamos ´los traumas padecidos por los personajes femeninos en más explícitos’”, denuncian las firmantes, oponiéndose también a la reciente censura de un desnudo de Egon Schiele en el metro de Londres, a la petición de retirar un cuadro de Balthus de una muestra del Metropólitan de Nueva York o a las manifestaciones contra una retrospectiva dedicada a la obra de Roman Polanski en París.

“El filósofo Ruwen Ogien defendió la libertad de ofender como algo indispensable para la creación artística. De la misma manera, nosotras defendemos una libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual”, suscriben las cien firmantes del manifiesto. “Como mujeres no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio a los hombres y a la sexualidad”, concluyen.

El texto generó malestar entre las asociaciones feministas en Francia, que lo atacaron en las redes sociales. “Indignante. A contracorriente de la toma de conciencia actual, algunas mujeres defienden la impunidad de los agresores y atacan a las feministas”, declaró la asociación Osez le féminisme.





UNA GUERRA MEDIÁTICA

No sólo Osez le féminisme se ha lanzado en contra del manifiesto que cuestiona el movimiento #MeToo sino una gran cantidad de asociaciones de diversos países, así como artistas que inclusive han llegado a pintar el rostro de algunas de las firmantes como mujeres brutalmente maltratadas físicamente y colocar en las redes sociales “si esto es lo que están defendiendo”, radicalizando posturas, no generando un sano debate en torno al tema que es mucho más complejo y con mucho mayores matices de los que maneja #MeToo.

Los principales antagonistas consideran que la oleada de denuncias ha provocado que sean las redes sociales y los medios de comunicación los que ejerzan de juez y verdugo sin ningún tipo de juicio previo.

Además, se tratan casi de la misma manera las quejas por acoso (tocamientos) por sexo consentido y las violaciones, lo que es algo totalmente diferente, tanto en términos de comportamiento sexual como en términos legales.

Las denuncias, que se han venido acumulando por decenas, no están siguiendo el derecho al debido proceso, pero si están causando consecuencias drásticas, como la cancelación de contratos, problemas familiares severos y pérdidas económicas graves inclusive a actores que son considerados como celebridades dentro de su medio, sin que ninguno de ellos haya sido formalmente acusado para ejercer sus derechos formalmente.

Muchos de los señalamientos datan de hace décadas y no pueden ser soportados en un proceso legal. Aunque sí existen denuncias de actos de violación o de agresiones sexuales que son penalizadas, en muchos otros los señalamientos se pueden considerar como ambiguos.

En medio de lo que algunos han calificado como una “cacería de brujas”, varias personalidades, hombres y mujeres, están pidiendo pisar el freno y abrir el debate antes de seguir con la guillotina en la plaza pública.

Brigitte Bardot
Brigitte Bardot, ícono del cine a mediados del siglo XX, mostró su desacuerdo con las denuncias por abusos sexuales en Hollywood en una entrevista para la revista francesa Paris Match.

La retirada actriz y cantante las calificó como “hipócritas y ridículas”: “Hay muchas actrices que van provocando a los productores para conseguir un papel. Después, para que se hable de ellas, dicen que sufrieron acoso… En realidad, más que beneficiarles, esto les perjudica”.

E insistió en que “nunca he sido víctima de acoso sexual, y para mí era agradable que me dijeran que era muy guapa o que tenía un buen culo. Este tipo de cumplidos son agradables”.

Sus palabras le valieron la reprimenda de muchas compañeras -aunque también el apoyo de otras-, por lo que poco después matizó que sus comentarios eran “respecto a las actrices, y no a las mujeres en general. Se trata, en la gran mayoría de los casos, de (denuncias) ridículas, hipócritas, sin interés. Ocupan el lugar de temas importantes que podrían ser discutidos”.

Michael Haneke, el doble ganador de la Palma de Cannes con La cinta blanca y Amor ha mostrado públicamente su malestar en una entrevista para el diario austriaco Kurier, en la que resalta su preocupación por “este nuevo puritanismo, impregnado de odio hacia los hombres, que nos llega en la estela del movimiento #MeToo”.

“Desde luego, cualquier forma de violación o abuso sexual debe ser sancionada. Pero esta histeria y las condenas sin proceso a las que asistimos hoy me parecen repugnantes”, continúa.

Michael Haneke
“Cada aluvión de críticas que generan estas revelaciones, incluso en los foros cibernéticos de diarios serios, envenena el clima en el seno de la sociedad”, sostiene el premiado director, que considera que este ambiente de “hace cada vez más difícil un debate sobre este tema tan importante”.

Añade que “El imperio de los sentidos, de Oshima, una de las películas más profundas sobre la sexualidad, no podría filmarse hoy”.

Jordan B. Peterson se ha convertido en el hombre de moda de lo políticamente incorrecto y sus palabras copan los medios en plena gira por su último libro. Este profesor universitario canadiense tiene un mensaje muy potente que compran cada día más jóvenes.

En entrevista para el diario El Mundo, hace referencia precisamente al movimiento #MeToo, del que comenta:

“Actrices vestidas de riguroso negro… Eso sí, de forma sexualmente provocadora… Hollywood, quejándose de manipulación sexual… ¿Hollywood, que se erigió literalmente sobre la manipulación sexual? Parece una broma.” señala Peterson.

“Pero vamos a hablar en serio. Existe un fenómeno que he visto en mi consulta… A ver, esto podría causarme un problema… Algunas mujeres no saben decir que no. Son mujeres vulnerables o dañadas, que se exponen una y otra vez. Tienen relaciones anómalas, no sólo con hombres. Una mujer está en casa. Llega el repartidor. Es amable y simpático. Y acaba teniendo con él una relación sexual que no supo cómo evitar  y de la que al minuto se arrepiente gravemente. No es culpa suya. Ni del repartidor. Ni de nadie. Es un fenómeno más frecuente de lo que parece y en las universidades se agrava por el consumo de alcohol”.

Angela Lansbury
Por su parte, la popular actriz Angela Lansbury, protagonista de la serie Se ha escrito un crimen, realizó unos comentarios muy polémicos en los inicios de #MeToo sobre que “tenemos se aceptar el hecho de que las mujeres, desde tiempos inmemoriales, han intentado hacerse más atractivas”.
Esta circunstancia, a su juicio, ha provocado que “desafortunadamente esto se ha vuelto en nuestra contra, y aquí es donde estamos hoy. Algunas veces debemos aceptar la culpa”.

Javier Marías, el escritor español, ha sido uno de los últimos en pronunciarse sobre este fenómeno y lo hizo en las páginas de El País Semanal a principios de febrero (aquí el artículo). Sobre el movimiento #MeToo escribió que “han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten”.

Por lo tanto, según Marías, “en función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia, la que llevaron a cabo la inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros. En vez de ser el denunciante quien debía demostrar la culpa del denunciado, era éste quien debía probar su inocencia, lo cual es imposible”.

La mayor preocupación del escritor es el juicio popular que se ha montado en torno a los acusados, puesto que la presunción de inocencia es una virtud de las democracias, mientras que su ausencia es vicio de dictaduras como él mismo señala.

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