EL BODEGÓN: Don Jorge, aburrido y en campaña

EL DOBLE DISCURSO


Pues na’, que el excelentísimo donde Jorge Zermeño nos ha salido una versión corregida y aumentada de todo lo que le criticaba a las administraciones priistas y panistas que le antecedieron. Con las arcas públicas muy llenas, lo suficiente como para ponerse a realizar obras de infraestructura que son indispensables para la ciudad, se ha dedicado a decorar o maquillar la ciudad con el bonito programa primaveral: “Pinta de colores tu ciudad”, con el cual se está gastando muchos millones de nuestros pesos en pintar cordones cuneta, camellones, bulevares, canchas en las plazas de las colonias populares. A la frenética brocha de Don Jorge no se le ha escapado ni la mismísima Plaza Mayor, que ha quedado como un kindergarden, pasando por el arco del triunfo el reglamento de este conjunto urbano tan emblemático. Mientras pinta y pinta, a Don Jorge, que está en campaña electoral desde que inició su gobierno, se le ha pasado mandar cortar hasta la hierba de la Plaza de Armas, donde crecen los matorrales como en el monte y las únicas flores son las silvestres. El excelentísimo se gastó en cuatro meses casi todo el presupuesto original anual del Sistema Integral de Mantenimiento Urbano, pero lo más incoherente es que todas las compras o casi todas se han realizado de forma directa, argumentando que hay urgencia; urgencia de estar otros tres años en el palacio municipal, cuando parte de su campaña era una constante crítica a la falta de transparencia en la administración municipal, decía él, pero ahora resulta que ha llegado hasta la cojonuda decisión de sostener en sus cargos a dos funcionarios que no han pasado los exámenes de confianza, cosa nunca antes vista. En tanto afán proselitista primero remozaron los camellones de la calzada Colón y luego los demolieron e hicieron unos nuevos, que dinero no falta. Una obra que ni se consultó, ni se sabe bien a bien en qué consistirá, que costará muchos millones (pero no precisa cuántos) y que se hace, olímpicamente, por su cojonuda voluntad. El doble discurso.





QUE DON JORGE SE VE ABURRIDO, CANSAO

Tal vez vosotros no lo veis sino en el periódico o de vez en cuando en la televisión, pero todos los periodistas que asisten a diario al palacio municipal y ven con frecuencia al excelentísimo don Jorge Zermeño, están intrigados con dos asuntillos que atañen a la familia Zermeño Casale. El primero de ellos es que don Jorge habitualmente aparece con un talante de aburrimiento, de cierto desgano que no le abandona y con un gesto que no se sabe si tiene que ver con la mala digestión o con algo que por ahí le pica en alguna parte de su rosada anatomía. ¿Pero por qué este hombre no es feliz si le hemos dado a puños? ¿Qué le falta, qué le duele? ¿Extrañará Madrid y el palacete del barrio de Salamanca? Pero si el tío anda por los 69 y trae un ánimo que ni los de 80 y eso que apenas va comenzando su mandato; pidamos al altísimo que le mande alguna dicha, ya sea de la carne o del espíritu, la que más le haga falta a su ánima tan desfalleciente. El otro asunto que se ha filtrado a los medios es que los hijos de don Jorge trae una ánimo que es la contraria de su señor padre: animadísimos con los asuntos del gobierno de papá, especialmente con lo que hace a obras y proveedores, donde dicen las lenguas filosas que emulan al terrible don Quevedo y sus versos venenosos, que don Jorge debería andar más al pendientes de sus chavales, que ya no lo son tanto y están ya bastante talluditos, a quienes enseñó las mieles de vivir del erario público, lo que los trae en una frenética actividad rondando ciertas oficinas públicas donde, dicen tales lenguas venenosas, su voz es ley. De ser cierta tal cosa, más mesura debe poner don Jorge, no vaya a ser que por ahí se sepan cosas que no deben y todo mundo termine embarrado de pintura, calidad tráfico y termoplástica.


HABÍASE VISTO SEMEJANTE HIPOCRECÍA


Pues por esa cosa de las campañas electorales de nuestra chocarrera y penosa democracia, han aparecido por la ciudad anuncios panorámicos en donde aparecen, sonrientes y juntos, Luis Fernando Salazar Fernández, Jorge Zermeño Infante y Guillermo Anaya Llamas. Pues si no lo sabéis os lo diremos que jamás se había visto ninguna obra teatral que exponga, de manera tan suprema, la falsedad de la condición humana. Esta cosa es como un cuadro de las cortes decadentes del siglo XVII pero en versión ranchera, porque sabéis que con tales personajes tampoco se puede hacer sino una historia de perfidia bajuna y poquitera. Pues bien, el caso es que el mozo ambicioso y petulante de la izquierda, que es Luis Fernando Salazar Fernández, es enemigo jurado de don Jorge Zermeño,
quien aparece al centro y, por supuesto don Jorge siente un rencor y desprecio hacia Luis Fernando, después de que lo dejara con un palmo de narices y le arrebatara la senaduría que hoy ostenta. A su vez, Luis Fernando le guarda resentimiento y encono a don Guillermo Anaya, quien aparece a la derecha, porque este le causó una terrible desilusión cuando ya se pensaba candidato a la gubernatura de la bonita provincia de Coahuila. Por si faltara perfidia, don Jorge dio su palabra de que sería alcalde de Torreón por un año, pero don Guillermo se apañó la senaduría que codiciaba y entonces montó en cólera y decidió reelegirse, causándole gran muina a Luis Fernando, que como consolación pedía ser candidato a alcalde pero sólo le vino a tocar una candidatura a diputado federal, lo que le obligará a esperar otros tres años para tratar de llegar al sillón de mandón municipal. Pero ahí los veis, en el mismo cuadro, sonrientes, como si fueran el abuelo, el tío y el hijo de una familia muy feliz. ¿No os parece que la política es cosa pestilente y una magnífica representación del retorcimiento al que puede llegar la condición humana? Pero válgame Dios, que estamos diciendo semejantes cosas de tres varones muy devotos de nuestra santa madre iglesia y tenidos en tan alta estima por la gente más decente y respetable de esta nuestra amada comarca. Hagamos penitencia aunque sea ya pasada la cuaresma y los calores traigan tantas tentaciones al cuerpo. Que así sea.


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